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LAS VENTAS

Triunfo a lo grande de Manolo Carrión

El valenciano Manolo Carrión ocupa desde ayer el trono de oro de los novilleros, adonde se encaramó a lo grande con un extraordinario toreo que enardeció a la cátedra venteña. Hizo honor a su cuna valenciana y no disparó salvas en la más importante cita, hasta ahora, de su carrera. Al contrarío, organizó una auténtica mascletá táurica de aroma mediterráneo, de brillante luz levantina, que le valió salir en volandas por la puerta de la gloria con la corona novilleril sobre sus sienes y tres orejas guardadas con mimoso primor en su escriño.La explosión del coletudo se produjo en el sobrero lidiado en quinto lugar, un galafate con seriedad de toro, de catadura pastueña y nobilísima. Una golosina que exigía a gritos un torero con buen gusto y empaque, que no rompiese tan fino y delicado cristal; es decir, a Carrión. El diestro lo recibió con verónicas ganando terreno para cerrar la serie con la misma suerte en su versión desmayada, pura ambrosía como las chicuelinas con las que galleó para conducirlo airosamente a la jurisdicción del varilarguero.

Torreón Gonçalves, Carrión, Sánchez

Novillos de El Torreón, bien presentados -4º, 5º (sobrero, que sustituyó a otro del mismo hierro devuelto por inválido) y 6% de gran trapío-, flojos, nobles y de buen juego en general; 2º, 5º y 6º, pastueños. José Luis Gonçalves: estocada desprendida (ovación); pinchazo y estocada -aviso- (silencio). Manolo Carrión, de Valencia, nuevo en esta plaza: estocada (oreja); estocada (dos orejas). Salió a hombros por la puerta grande. José Ignacio Sánchez, de Salamanca, nuevo en esta plaza: pinchazo sin soltar y estocada al encuentro (vuelta); dos pinchazos sin soltar y estocada desprendida (vuelta). Plaza de Las Ventas, 30 de abril. Segundo festejo de la feria de la Comunidad. Más de tres cuartos de entrada.

Con la flámula construyó una faena muy propia de su paisano Ponce, quien parece haber creado escuela por los lares de Valencia. Con todas sus virtudes: doblones de alhelí por bajo para sacar al burel a los medios, cadenciosos redondos ribeteados de sentimiento y abrochados con pases de pecho largos cual despedida de enamorados, sandungueros adornos, y pura estética sorollesca en los inspiradísimos adornos finales. También algún defectillo: escaso manejo de la mano izquierda, aunque cuando lo hizo alumbró belleza, y algún tibio alivio con el pico que no empañan su indiscutible triunfo. Algo similar realizó con el segundo, más terciado y flojito, lo que fue causa de que el calibre de la faena rayara algo más bajo. Eso sí, rubricó ambas faenas con dos estoconazos a ley que aumentaron la algarabía del cotarro, ya puesto en pie y con las fibras sensibles enhiestas.

Sus compañeros de terna, el salmantino José Ignacio Sánchez y el angoleño-portugués José Luis Gonçalves, apuntaron igualmente muy alto en un interesantísimo festejo de los que hacen afición y borran del triste recuerdo de tantas tardes plúmbeas y mediocres. El primero rozó los goznes de la puerta soñada, que si no atravesó fue por sus fallos con la tizona. Su concepción clásica y antigua del toreo le llevó a hartarse de crear templados naturales, algo en desuso y que resucitó con tan infinita y translúcida pureza que también produjo escalofríos de conmoción. Mientas que el segundo apechugó con los dos bicornes más tardos y extrajo arreboles sueltos de categoría.

Para encumbrar ya de forma inolvidable la magnífica tarde, los novilleros no se perdonaron ni un quite, compitiendo con variada galanura en los seis bureles, y con la tizona jamás se les fue la mano a las respectivas zahúrdas de los mismos.

La corrida de hoy

Esta tarde actúan El Madrileño, Juan Carlos García y Víctor Puerto, con novillos de Juan José González, de Guillena (Sevilla).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de mayo de 1993