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División de opiniones en el regreso de Bob Dylan y Mick Jagger

Los dos veteranos del rock se presentan en Londres y Nueva York

Nueva York / Londres

La esperada vuelta a los escenarios de Bob Dylan y Mick Jagger significa el fin de su larga ausencia de los escenarios. Con sus recientes discos bajo el brazo, Dylan y Jagger se presentaron en Londres y en Nueva York con división de opiniones. El cantante británico de los Rolling Stones eligió como público a la gente guapa de Manhattan, y la presentación de su Wandering Spirit fue también una cita social. El norteamericano, a sus compañeros de generación, que te aclamaron mientras la crítica especializada londinense le hacía añicos.

Han pasado más de 30 años desde que Mick Jagger se subió por primera vez a un escenario, pero la edad sólo se le nota en las mejillas que se le han ajado de tanto hacer muecas. Al borde de los 50 anos, Jagger presentó el pasado martes en Nueva York su tercer disco en solitario. Wandering Spirit (Espíritu Errante), con el que espera cubrir el fracaso de sus dos anteriores experimentos musicales al margen de los Rolling Stones. Mick Jagger sigue electrizando con el ritmo de su cuerpo fibroso y menudo, que no parece haber variado a lo largo de tres décadas, dos matrimonios, cinco hijos, una nieta y 37 discos."La vida es buena, pero es demasiado corta. Consigues mucho dinero pero siempre quieres más", cantaba el artista desde el escenario del Webster Hall, de Manhattan (Nueva York). A su alrededor, jóvenes con chalecos de espejuelos, cinturas al aire y pestañas postizas le recordaban que lleva ya tantos años cantando como para que a la moda le haya dado tiempo a dar una vuelta completa. En las jaulas musicales del club más vanguardista de la ciudad, bailarines y bailarinas desnudos movían frenéticamente sus cuerpos embadurnados en barro gris, mientras Jagger agitaba sus labios y sus piernas en el escenario enfundado en unas mallas azules con rayas rojas y amarillas. Durante una hora y cinco minutos, Jagger presentó las canciones de su nuevo disco en solitario, que tiene una marcada influencia stoníana, y obsequió a los asistentes con otras tres originales del grupo que lidera. Jagger, que ha colaborado en el pasado con Aretha Franklin y David Bowie, ha elegido en esta ocasión a Lenny Kravitz para cantar a dúo la canción Use me (Úsame).

Las invitaciones para la fiesta prohibían el uso de zapatillas de deporte y trajes de chaqueta, para conseguir de los asistentes un look apropiado para todos los gustos. Unas estrictas medidas de seguridad protegían el club de la calle 11, donde 1.200 personas asistían a la presentación. Desde el anfiteatro, su mujer, Jerry Hall, dejaba caer su rubia melena y anunciaba que en cuanto acabara la actuación se iba con su marido y los niños a descansar.

Jagger, que ha declarado repetidamente que cuando no trabaja se pone insoportable, empezará en breve a preparar con Keith Richards su nuevo proyecto con los Stones y celebrará su 50 cumpleaños el próximo 26 de julio. El cantante británico puede ser más viejo que el actual presidente norteamericano Bill Clinton, pero, como explica en una de sus canciones, todavía es capaz de salir por la noche y "volver la ciudad del revés".

Reacción dispar

En Londres, el público y la crítica reaccionaron de forma absolutamente dispar a los conciertos ofrecidos esta semana por Bob Dylan en el Hammersmith Apollo, y que inician una gira europea que no contempla actuaciones en España. La acogida de la audiencia, que abarrotó el local, fue entusiasta. Para la crítica, el mítico trovador norteamericano demostró que está acabado y aburrido de sí mismo.Los conciertos londinenses consistieron en una generosa recopilación de antiguos éxitos dylanianos. Casi ninguna canción posterior a 1980 tuvo cabida en las dos horas largas de actuación. Las críticas fueron demoledoras. "Si en lugar de Dylan hubiera sido otro quien interpretara de forma tan inepta un puñado de canciones de más de 25 años, las risas se hubieran oído en las afueras de la ciudad", dijo el- crítico de The Times. "El espectáculo fue una amarga desilusión, y sólo el profesionalismo de los músicos acompañantes Impidió que todo acabara en un completo desastre", señaló The Daily Telegraph.

"La extraña e inexplicable carrera de Bob Dylan ha llegado a un punto en el que los iniciados aplauden cualquier cosa que haga, mientras todos los demás se lavan las manos y procuran permanecer ajenos al asunto", explicó The Guardían.

Los iniciados aplaudieron, efectivamente. Y lo hicieron con furor. La audiencia se componía mayoritariamente de personas de mediana edad, históricos del dylanismo, capaces de entusiasmarse al escuchar una larga (diez minutos) y tediosa versión con Mr. Tambourine Man, incluso cuando el propio Dylan hacía ostentación de su aburrimiento al interpretarla.

"La única explicación posible es que Dylan se aburre soberanamente cantando las mismas' canciones, noche tras noche", comentó David Cheal, crítico de The Daily Telegraph. Esas mismas viejas canciones eran, sin embargo, las que quería el público. El diario vespertino Evening Standard se entretuvo en hacer un examen sistemático y estadístico del público, conforme éste entraba en la sala de Hammersmith, y el resultado fue el previsible: el espectador promedio era un varón de entre 40 y 50 años, calvo y con canas, con gafas, y cubierto -curioso detalle- con un anorak beige o rojo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de febrero de 1993