Una vida dedicada a pintar perfiles de celuloide

Gaspar Pérez tiene 47 años y tres hijos. Su mujer, Inés Sánchez, 10 años menos. Gaspar Pérez empezó a pintar los rostros de las estrellas del celuloide cuando tenía sólo 11 años. Gaspar no ha sido nunca fumador ni bebedor, y ha protagonizado una vida normal, esencialmente de trabajo, según relataba un familiar. Su taller, situado en un humilde garaje del distrito de Villaverde, se nutre al 30% del cine y mantiene una buena relación profesional con los hermanos Reyzábal, propietarios de una cadena con 11 salas en Madrid.Hace algo más de un año, sin síntomas anteriores que lo hicieran sospechar, casi se derrumba en la calle. Ingresó en un hospital y a los cuatro días fue operado, de un tumor cerebral. La intervención salió bien, pero "algo le quedó". Le dieron 12 meses de vida. Hace 10 días, con el plazo cumplido, empezó a ocupar la habitación 112 del hospital La Fuenfría, que la Seguridad Social tiene para enfermos crónicos a 1.400 metros de altitud en plena sierra de Madrid.
La llegada hasta el hospital, situado a 65 kilómetros de Madrid, en la carretera que sube de Cercedilla a Peñalara, recuerda el idílico recorrido inicial con olor a pinos y abetos de la película El resplandor, de Stanley Kubrick. El sanatorio, en este caso, está algo más habitado que aquel fantasmagórico hotel. El silencio favorece los sonidos propios de la naturaleza. Las paredes del sanatorio son blancas y las habitaciones disponen de un amplio balcón para disfrutar de los días de sol.
Inconsciente y sin lucidez
En la habitación 112, compartiendo cuarto con otro enfermo, lleva 10 días recostado Gaspar Pérez. La inmovilidad ha empezado a generarle rozaduras y ampollas en las partes de su cuerpo permanentemente en contacto con la cama. Ayer se le incorporó por primera vez para sentarle. Está muy delgado. En un año ha perdido prácticamente todo el pelo. Sobre el suceso del miércoles lo desconoce todo. No se lo han contado porque "no lo resistiría".
Su esposa no quiere hacer declaraciones porque todo está ya en manos de sus abogados. Sus abogados no han aportado todavía su versión de los hechos porque esperan a declarar ante el juez que instruye el caso.
Gaspar Pérez tiene escasos momentos de lucidez, le cuesta articular palabras y en ocasiones no reconoce ni a su esposa.
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