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REVISTA DE PRENSA

Mentiras, malditas mentiras

Londres,

La gente está acostumbrada a que los Gobiernos digan una cosa y hagan otra. Según los cínicos, es para eso para lo que sirven los Gobiernos. Pero incluso los cínicos se han escandalizado por las últimas revelaciones en el Reino Unido sobre la venta de material militar al presidente iraquí, Sadam Huseín. Junto con lo que ya se sabe sobre el Irán-Contra y el Irakgate estadounidense, el escándalo británico nos obliga a interrogarnos si los líderes de las democracias occidentales son capaces de llevar a cabo una política exterior inteligente sin mentir a su pueblo, sistemáticamente. (...) El escándalo británico comenzó en 1985. El Gobierno prohibió la venta de armamento tanto a Irán como a Irak. Sin embargo, por lo menos de 1988 a 1990, el mismo Gobierno (...) no sólo hizo la vista gorda sobre las relaciones comerciales con Irak, sino que además aconsejó a las empresas sobre los procedimientos para evitar la prohibición. (...)¿Por qué tanto el Gobierno de EE UU como el del Reino Unido mintieron tan rotundamente? (...) ¿Qué habría pasado si Ronald Reagan hubiera dicho que le importaban más los rehenes norteamericanos que el embargo militar? Quizás algunos norteamericanos habrían estado de acuerdo con él. (...) Sin embargo, con tanta mentira lo único que se ha conseguido es que un dictador se arme y que aumente la desconfianza de los engañados hacía sus líderes.

14 de noviembre

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de noviembre de 1992