Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:

"Veo el mundo con cuatro o cinco grandes potencias, sin un número uno claro"

Nacido en Inglaterra y educado como historiador en Oxford, Newcastle y Bonn, Paul Kennedy enseña ahora historia estratégica internacional en la Universidad de Yale. Se ha hecho ciudadano norteamericano y representa, en cierta medida, un ejemplo de la fuga de cerebros del Viejo al Nuevo Mundo. Es el padre de la teoría del declive de los imperios, que formuló en su ya clásico libro Auge y decadencia de las grandes potencias. Acaba de concluir un nuevo libro, continuación del anterior, que se publicará en España a comienzos del próximo año.

Kennedy charló con EL PAÍS en su despacho palomar en el campus de Yale, mientras los norteamericanos se disponían a elegir presidente a Bill Clinton. El profesor Kennedy estima que "nos encontramos ante el tercer o cuarto período de estancamiento o retroceso en la historia del movimiento por la unidad europea", y se declara convencido de que sólo una Europa integrada tiene un futuro "probable" como gran potencia. "El mundo", tras la caída del comunismo, "se encamina hacia una de esas fases en las que hay un reparto de poder e influencia entre varias unidades grandes".P. ¿Está Estados Unidos en decadencia?

R. A la generación de [George] Bush, de la II Guerra Mundial, y a los republicanos, les resulta difícil aceptar que es probable que el país se enfrente a problemas de largo plazo. A una generación de norteamericanos más joven, le es más fácil admitir que EE UU afronta problemas sociales, económicos y raciales profundamente arraigados. Clinton es de otra generación, ha crecido en unos Estados Unidos que empezaban a poner de manifiesto todos esos problemas. Cree que es posible la recuperación, pero sólo si se toma en serio el tema del declive económico.

P. ¿Existe un nuevo orden mundial? ¿En qué clase de mundo vivimos tras la caída del imperio comunista?

R. Nos encontramos ante un orden mundial dividido, y nos enfrentamos a importantes retos a largo plazo, con respecto a la estabilidad internacional, que son muy distintos de los retos de la carrera de armamentos que tuvo lugar durante la guerra fría, y de las tensiones entre el Este y Occidente. Es cierto que hay ciertas tendencias económicas hacia la integración del comercio y la economía mundiales, que es lo que llamamos globalización. Pero al mismo tiempo, mientras se globalizan y se integran el mundo de las finanzas y las empresas multinacionales, en otras esferas de la vida, la política local, los problemas étnicos y de discriminación, destrozan y desbaratan nuestras estructuras. No estoy pensando sólo en lo que ha sucedido en la Unión Soviética o en Yugoslavia, porque ésos son casos extremos de desintegración político-social.

Tomemos como ejemplo las tensiones que se producen en el seno de la sociedad francesa sobre la modernización. Por un lado están los banqueros, inversores e ingenieros informáticos, ingenieros aeroespaciales, que representan la corriente modernizadora, pero por otra parte hay muchos agricultores franceses que tienen miedo de perder sus puestos de trabajo debido a la competencia económica. De modo que, dentro de la misma sociedad, se pueden encontrar ganadores y perdedores que son producto del cambio económico y del aumento de la competencia. Y luego tenemos lo que yo considero el mayor problema de todos, que es el desequilibrio entre las sociedades ricas, cuya población se encuentra estancada o en declive, y, por otra parte, las sociedades pobres, en las que la presión demográfica es enorme.

La probabilidad de que se produzcan migraciones ilegales desde el Sur hacia el Norte crece cada mes, no sólo cada año. En mi nuevo libro trato de estudiar algunas de las estadísticas sobre la composición de la población en el futuro. Tomemos como ejemplo España y sus vecinos del Mediterráneo. Si se analizan las perspectivas del Fondo de Población de las Naciones Unidas sobre el cambio de la población en los cinco países del sur de Europa -Portugal, España, Francia, Italia y Grecia- hasta el año 2025, si se juntan esos cinco países y se calcula su crecimiento hasta el año 2025, se prevé que registrarán un aumento de sólo cinco millones de habitantes, principalmente en Grecia, que constituye aún una sociedad agrícola. Si centramos nuestra atención en el sur del Mediterráneo y analizamos los cinco países que se encuentran situados en el litoral norafricano, desde Marruecos a Egipto, en el mismo periodo, se prevé que esos cinco países experimenten un crecimiento de 108 millones de habitantes en total.

P. ¿Cree que Europa tiene futuro?

R. Si echamos un vistazo a la historia del movimiento por la unidad europea vemos que, en ciertos periodos, los Estados europeos se dan cuenta de que quieren integrarse un poco más y dan dos pasos adelante. Entonces se plantean algunos problemas. Algunos sectores de la sociedad no están dispuestos a aceptar una mayor unificación, a algunos tradicionalistas no les agrada la idea de ceder un poco más de su soberanía. De modo que hay un periodo de estancamiento y frustración.

Pero luego, una presión mundial cada vez mayor, la competencia japonesa y otras cosas hacen que la gente decida que tiene que integrarse más, y de esta forma se dan dos pasos más hacia la integración. Y a medida que se van eliminando más barreras, esto vuelve a molestar a los grupos protegidos, como los agricultores o los trabajadores del sector textil. Y de nuevo se produce una crisis política, y un europesimismo, y una especie de parálisis política.

Pero, tal y como lo veo, después de la euforia de Maastricht y Europa 1993, nos encontramos ante el tercero o el cuarto periodo de estancamiento y retroceso y de controversia política. Pero sospecho que ningún país puede hacer mucho por sí solo para afrontar los problemas Norte-Sur y la competitividad del sureste asiático. ¿Que si Europa tiene futuro? No le queda más alternativa que trabajar en grupo, porque los retos a los que se enfrenta son demasiado grandes, son demasiado mundiales para un solo Estado europeo.

P. ¿Teme la vuelta al aislacionismo de Estados Unidos, al America first, con la presidencia de Clinton?

R. Es posible que un presidente demócrata y un Congreso demócrata instituyan políticas de protección interna y también es cierto que Estados Unidos está cada vez más enfadado, especialmente con Francia, por bloquear continuamente las decisiones del GATT en cuanto a las subvenciones y protección del comercio agrícola, y también siente una profunda antipatía hacia Japón. Japón es el enemigo tecnológico; Francia es el enemigo comercial en lo que se refiere a la producción agrícola. También hay una gran preocupación por la reubicación de la industria norteamericana en México o en otros países extranjeros.

Todo esto es lo que podría hacer que Estados Unidos se centrase en los temas internos. Si escucho a Clinton y [Al] Gore, tengo la sensación de que no creen que una política proteccionista contribuya a lograr una mayor competitividad industrial a largo plazo en Estados Unidos. No lo creen. Pero pienso que sí creen en un mayor respaldo gubernamental a la educación, a la preparación profesional, en mejorar las infraestructuras, en fomentar la investigación y el desarrollo para lograr que Estados Unidos sea más competitivo. Y si van en esa dirección, en mi opinión, sería la respuesta sensata.

P. ¿Cómo ha cambiado el sistema de las grandes potencias con la desaparición de la Unión Soviética? ¿Cómo ve este sistema dentro de 10 años?

R. Hay periodos en la historia mundial en los que un país es claramente el líder, el país número uno. El Imperio británico, a mediados del siglo XIX, era claramente el número uno. Estados Unidos, desde 1945, a pesar del reto soviético, sigue siendo la primera potencia. Pero hay otros momentos en los que hay un reparto de poder, sin un líder claro. Puede pensar quizá en la década de 1920. La nueva Unión Soviética, el Reino Unido, América, Alemania, Japón. Hay una distribución mucho más equilibrada del poder militar. Mi opinión es que nos encaminamos hacia otra de esas fases en las que hay un reparto de poder. Estados Unidos seguirá siendo un actor principal en los asuntos mundiales debido a su poderío militar, menos por su poder financiero. Japón seguirá evolucionando como una potencia tecnológica. Creo que existe la posibilidad de que se considere a la Europa unida como una gran potencia. China sigue experimentando un crecimiento económico tan rápido que puede convertirse en un país más influyente, más poderoso, en los próximos 20 años, si puede evitar las tensiones sociales y que la población crezca en exceso.

Así que podríamos estar mirando un mapa mundial con cuatro o cinco grandes potencias, sin un número uno claro. Quizá un país sea el número uno en términos militares, otro en tecnología, otro en bienestar social en general o en términos económicos. A mí eso no me resulta excesivamente preocupante, habría un equilibrio razonable de poder entre centros diferentes. Y si los líderes políticos de esos centros estuvieran de acuerdo en que haya una distribución de poder y establecieran una política de cooperación inteligente entre ellos, quizá sea lo mejor que podemos esperar.

Lo peor que podemos esperar es, por supuesto, potencias en declive disgustadas por el auge de otros países. Rusia disgustada por el aumento de la influencia china en Asia, o EE UU resentido por haber perdido su liderazgo tecnológico ante Japón, con. lo que habría más tensiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de noviembre de 1992

Más información

  • Paul KennedyHistoriador de Yale y experto en estrategia global
  • Frente a la globalización en algunas esferas, los problemas étnicos y de discriminación, destrozan y desbaratan nuestras estructurasDe aquí al 2025, la población del sur de Europa aumentará en cinco millones de personas, frente a los 108 que se calculan en el norte de África Algunos sectores de la sociedad no están dispuestos a aceptar la unificación, porque no les agrada la idea de ceder un poco más de su soberanía