'Murteiritas' comerciales
La mayoría absoluta de los toros de Murteira que se lidiaron ayer en Alcalá, tres de cinco, desmintieron su teórica fama de duros y difíciles y se comportaron con nefasta comercialidad. Salieron como gustan a las figuras para sus también teóricas gestas, y por eso cada día los exigen más: justitos de trapío, mansitos en dulce, tontones a fuer de nobles, suaves y medio inválidos.Semejantes pajunos, segundo, tercero y cuarto, permitieron ser objeto de múltiples e innumerables monerías, que no torerías. Tampoco el quinto era un barrabás y su catadura era más próxima a los anteriores que a la de un toro problemático. Simplemente se negaba a seguir la muleta y al coletudo y echaba la carita por delante, mas no se comía a nadie. Menos mal que la casta del sexto redimió mínimamente a la divisa de tan,oprobiosa facilidad, transmitiendo al cotarro la única emoción de la tarde.
Murteira / Vázquez, Espartaco, Espartaco Chico
Cinco toros de Murteira Grave (uno fue rechazado en el reconocimiento), desiguales de presentación y sospechosos de pitones. 2º, 3º y 4º, mansos, nobles y flojos; 5º reservón; 6º, encastado. 1º de La Laguna, anovillado e inválido. Curro Vázquez: pinchazo sin soltar, pinchazo y estocada (bronca); bajonazo (ovación con algunos pitos). Espartaco: estocada (oreja); bajonazo (oreja protestada). Espartaco Chico: estocada trasera tendida (dos orejas); pinchazo sin soltar -aviso-, pinchazo y estocada desprendida (ovación). Plaza de Alcalá de Henares, 29 de agosto. Cuarta corrida de feria. Lleno.
Con semejante material, Espartaco se llevó a su escriño dos de las orejas más chuflas que haya cortado en su vida. La primera, por una de su clásicas, también denominadas profesionales, labores plenas de añagazas: despegado y con abuso de pico, tundió al pobre animal con cientos de pases. Al quinto, para variar, no le dio ni uno porque el animal se resistía y su matador, tras encunarse valiente, lo pasaportó. Entonces intervino la mundialmente famosa prodigalidad del usía, Crescencio de Vicente, que no debe saber contar pañuelos, y le regaló el trofeo.
Espartaco Chico se lució con el percal en sus dos enemigos y toreó al tercero con clasicismo, temple, ligazón y cargazón de la suerte antes de darse el gustazo final del tremendismo. La casta del sexto provocó que se fajara con él, aún con altibajos, pero con bizarría y emoción a raudales. Curro Vázquez despenó rápido a la cancanita invalidísima primera, que el famoso usía no devolvió -él sabrá porqué-, y dibujó algún apunte de arrebato estético con el otro.


























































