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Los sindicatos aplazan hasta otoño la convocatoria de otra huelga general, aunque no hay unanimidad

Los sindicatos se han marcado un compás de espera hasta que se celebre la anunciada reunión con el presidente del Gobierno, Felipe González, para recomponer el diálogo social. Por ello, esta próxima semana, sus máximos órganos de dirección aplazarán hasta después del verano la decisión de convocar una nueva huelga general. Esa propuesta no es unánime, ya que algunos sindicalistas son proclives a comprometer ahora nuevas movilizaciones. El diálogo social será muy difícil, a juicio de las centrales, si el Gobierno no incluye en el temario las cuatro demandas del paro del 28 de mayo.

Los sindicatos creen que el único que puede dar un giro a la situación es el presidente del Gobierno abriendo un proceso de diálogo en el que encuentren salida sus demandas. A la espera de los resultados de ese encuentro, los máximos órganos de decisión de UGT y CC OO -el comité confederal de UGT y el consejo confederal de Comisiones- debatirán la próxima semana aplazar la decisión de convocar una huelga general hasta después del verano.El responsable de organización de UGT, Antón Saracíbar, así lo ha confirmado: "No vamos a tomar todavía una decisión porque nos faltan elementos de juicio". Las fuentes consultadas de Comisiones se han manifestado en el mismo sentido. En ninguna de las dos organizaciones hay unanimidad sobre la estrategia a seguir y algunos dirigentes son partidarios de comprometer ahora un calendario de movilizaciones por si fracasa el próximo proceso negociador, que ven con cierto escepticismo, actitud que también comparten algunos miembros del Gobierno. De momento se han impuesto las opiniones de quienes consideran más prudente intentar rentabilizar el paro del 28-M y no condicionar unas eventuales negociaciones con la amenaza de una huelga ya convocada.

Los dirigentes de ambos sindicatos confían en que en el encuentro con González se desbloquee la situación, después de la "injustificada" ruptura de las más recientes negociaciones sobre la ley de huelga y la reconversión siderúrgica. Uno de los máximos responsables de UGT, Emilio Castro, confiesa su impotencia ante "un bloqueo en el que ni vale la confrontación ni el diálogo".

En el caso de la ley de huelga, los negociadores de CC OO y UGT habían confiado en que se lograra algún tipo de acuerdo, porque llevaban una propuesta muy estudiada -en ella colaboraron varios catedráticos de Derecho del Trabajo- y porque en ese debate no influye el déficit ni otros problemas económicos. Para los sindicalistas fue una sorpresa que el ministro de Trabajo, Luis Martínez Noval, finalizara las consultas cuando apenas se había iniciado la discusión.

La ruptura en la reconversión de Acenor es también injustificada, a juicio de las centrales. En este caso, los negociadores eran las federaciones del metal, que varios ministros han puesto como ejemplo de dirigentes dialogantes. Ignacio Fernández Tojo, secretario general del metal de CC OO, muestra su perplejidad por una ruptura producida cuando se había logrado pactar el plan industrial y quedaban pequeñas divergencias en el plan laboral.

Reducir el gasto

Sus cuatro demandas son: reducir el gasto de desempleo no a través del recorte de las prestaciones -solución dada por el Gobierno-, sino mediante la erradicación de la rotación de trabajadores; regulación pactada de la huelga; política industrial, y negociación de las reformas laborales proyectadas en el programa de convergencia.El proyecto de ley de huelga no se debatirá en el Congreso hasta el próximo otoño. La mesa acordó ayer que la próxima semana -última hábil antes de las vacaciones parlamentarias- se debatan las enmiendas a la totalidad que puedan presentarse al proyecto, informa Camilo Valdecantos.

Los plazos señalados permitirían un hipotético acuerdo entre Gobierno y sindicatos que produjese modificaciones por vía de enmienda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de junio de 1992

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