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Crítica:CINE / 'EL NIDO DE ADÁN'

Mujeres en Moscú

En un pequeño y deteriorado apartamento situado en Moscú, en los meses finales de la Unión Soviética, viven cuatro mujeres. Una madre soñadora de 50 años que todavía no ha perdido la esperanza y sus dos hijas de diferentes maridos. La atractiva Lida, que tiene una relación sentimental con un compañero de trabajo casado, y la quinceañera Nastya, que acaba de quedarse embarazada de un amigo. Sin olvidar a la paralítica abuela, que sólo se comunica con las demás mediante una campana, pero que es la conciencia del grupo de mujeres.

Melodrama con humor

El nido de Adán

(1991). Director: Viacheslav Krishtofovich. Guionista: Vadimir Kounine. Fotografía: Pavel Lebedev. Intérpretes: Inna Churikova, Yelena Bogdanova, Svetlana Ryabova, Masha Golubkrina. Nacionalidad: soviético-francesa. Estreno en Madrid: cines Renoir (versión original).

Con estos atractivos personajes, extraídos de una novela de Anatole Kourtchatkine, pocos elementos más y una clara escasez de medios, el realizador Viacheslav Krishtofovich logra que su tercera película, tras 10 años de trabajos televisivos, sea una ágil mezcla de tonos melodramáticos y realistas, a los que hay que añadir un humor muy peculiar. Acostumbrados a las grandes producciones soviéticas, tanto las cuidadas adaptaciones de clásicos como los dramas ambientados durante la Segunda Guerra, Mundial, sus dos géneros más; desarrollados por culpa de una impacable censura, resulta bastante insólito que El nido de Adán se desarrolle en un sórdido, apartamento moscovita y sus, protagonistas sean cuatro mujeres a la búsqueda de amor. Al igual que llama la atención en una producción soviética, que históricamente debe ser una de las últimas rodadas antes de la desaparición de la Unión, que los personajes hablen normalmente del mercado negro, que queden fascinados ante un biquini fabricado en serie en Hong Kong y adquirido a un elevado precio, y sus dificultades para sobrevivir económicamente en su precaria vida cotidiana. Así como los chistes y múltiples referencias jocosas a la ideología marxista, generalmente en boca de la quinceañera Nastya, el personaje más duro y amargado de los cuatro.

Viacheslav Krishtofovich sabe encajar bien los elementos melodramáticos que tiene entre manos con una tradicional estética realista para contar una mínima historia que sin duda haría las delicias de Cesare Zavattini, el padre del neorrealismo italiano, pero donde también cuadran a la perfección la crítica a la realidad cotidiana y el humor que se desprende de ella.

Interesado por el mundo femenino, tras dirigir Mujer sola desea entablar relaciones (1986) y Autorretrato de un desconocido (1988), Viacheslav Krishtofovich vuelve a insistir por el mismo camino con El nido de Adán y crea cuatro atractivos personajes femeninos.

Entre las representaciones femeninas destaca la de Nina, la madre, interpretado con gran fuerza por la excelente Inna Churikova, una mujer que vive entre su anciana madre y sus dos hijas de distintos padres, pero que todavía tiene humor para embarcarse en una nueva aventura sentimental.

Especial fuerza tiene la larga escena final de El nido de Adán, una comida donde se reúnen los personajes en el pequeño apartamento, tanto por la etapa de preparación y confidencia entre madre e hijas como porque se den cita los tres hombres de la madre mientras sus hijas están solas, la mayor abandonada por su amante y la pequeña enfadada con un amigo que aporrea la puerta y al que se niega a dejar entrar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de mayo de 1992