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LOS TERRORISTAS HABLAN DE SÍ MISMOS

ETA pretende convertir al asesino de Yoyes en interlocutor del Gobierno

La elección de sus representantes en un hipotético diálogo con el Gobierno obsesiona a ETA. Su pretensión inicial, según un documento incautado por la Ertzaintza (policía autonómica vasca), es conseguir sentar frente a los interlocutores del Ejecutivo a los seis designados en marzo de 1989. Tres están deportados en Santo Domingo y tres encarcelados en Francia. Como alternativa, la organización terrorista pretende imponer al asesino de Yoyes, José Antonio López Ruiz, Kubati.

Poco antes de la ruptura de los contactos de Argel, en 1989, ETA designó a tres nuevos representantes. Se trataba de José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera; Juan Lorenzo Lasa Mitxelería, Txikierdi, e Isidro Garalde, Mamarru. Los tres estaban presos en cárceles francesas y allí continúan.Los tres presos debían sumarse a los interlocutores encargados hasta entonces de mantener el diálogo con el secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera, y con Juan Manuel Eguiagaray, actual ministro de Administraciones Públicas.

ETA, según el apartado "Condiciones mínimas para un primer acuerdo", redactado en octubre del año pasado, insiste en la fórmula 3+3 para designar a sus representantes. Los tres deportados en Santo Domingo, Eugenio Etxebeste, Antxon; Belén González e Iñaki Arakarna, Makario, más los encarcelados en Francia. Por si el Gobierno rechazara la excarcelación de alguno por imposibilidad jurídica, propone sustituir al interesado por Kubati.

José Antonio López Ruiz, soltero, de profesión ajustador, nació en Durango (VIzcaya) hace 37 años. Kubati fue capturado en una cabina telefónica de Tolosa (Guipúzcoa), el 25 de noviembre de 1987, en una vasta operación de la Guardia Civil. Está condenado a 277 años de prisión por atentados contra casas cuartel de la Guardia Civil y tres asesinatos.

Rematada en el suelo

Su papel más importante en ETA fue el asesinato en Ordizia (Guipúcoa) de la ex dirigente María Dolores González Cataráin, Yoyes, que había regresado libremente a España desde México. López Ruiz la abordó por la espalda cuando paseaba con su hijo por una exposición de maquinaria agrícola, en plenas fiestas del pueblo, la tiroteó a corta distancia y la remató en el suelo.Kubati no es un dirigente de ETA sino un simple ejecutor. Expertos de la Guardia Civil que han tenido relación con él desde su detención le consideran carente de cualquier preparación política, con más temeridad y sangre fría que inteligencia. La pretensión de imponérselo al Gobierno como interlocutor procede de la dirección de la organización terrorista, según se desprende de su propio documento, monopolizada hace tiempo por Francisco Múgica Garmendia, Pakito.MúgIca debió ser consciente de la sorpresa que causaría en sus propias filas esta elección y se sintió obligado a explicarla a pie de página. Según la nota, el asesino de Yoyes y de al menos otras dos personas es "un militante cualificado" y "ha dado muestras de entereza, de seriedad, de capacidad política y de trabajo muy importantes".Tampoco es descartable en la elección el factor personal. El asesinato de Yoyes fue ordenado por Múgica Garmendia, natural como la víctima de Ordizia, en contra de otras opiniones. Pakito intentaría conseguir, con la incorporación de López Ruiz a una hipotética mesa de conversaciones, restablecer la honorabilidad del ejecutor y paralelamente la propia como inductor directo del asesinato.Los responsables del Ministerío del Interior rechazan comentar el documento de ETA pero señalan como evidente que la propuesta de situar frente a representantes del Gobierno a un asesino múltiple convicto y confeso no es más que una provocación, reveladora del nulo interés por iniciar contactos realistas.La pretensión de imponer a Kubati es también una sonora bofetada a los sectores políticos que en los últimos años han defendido la vía de la reinserción social. Entre estos se encuentran los antiguos miembros de la autodisuelta ETA Político-militar y los partidos nacionalistas democráticos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de octubre de 1991

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