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Una biografía sin sombras

Josyane Savigneau publica la historia más completa sobre Marguerite Yourcenar

"Los años 1978 y 1979 van a ser más insoportables aún y esquizofrénicos que los cinco transcurridos en un penoso frente a frente. La enfermedad de Grace no es ahora más que una larga agonía y Marguerite Yourcenar alcanza la culminación de una carrera de escritora: la gloria. El 23 de enero de 1978, Claude Gallimard la llama por teléfono: insisten mucho en que convenza a Marguerite para que presente su candidatura a la Academia Francesa. Ella precisa. su posición, de la que no piensa desviarse. En ningún caso presentará su candidatura. Dicho esto, si la eligen, no cometerá la grosería de rechazar. Esos señores pueden hacer lo que les plazca, pero que no le pidan a ella que se someta por propia voluntad a sus sufragios.Ahora bien, la atmósfera de Petite Plaisance se iba volviendo irrespirable. O más bien, lo hubiera sido si la exasperación recíproca, próxima a veces al odio, no se hubiera visto compensada por un amor de cuarenta años. Por parte de una y otra. Con todas las ambigüedades, los compromisos, las cosas jamás confesadas e indecibles que suponen tantos años vívidos juntas. Ese amor, no podemos afirmar que se transformó simplemente en resentimiento. Aunque ese resentimiento predominase sobre todo lo demás en los dos últimos años, lo cual se traducía en conflictos mediocres, en negativas obstinadas. Así, por ejemplo, Grace prohibió que nadie tocase el armario grande de su habitación. Cuando lo abrieron, después de morir ella -según confió Marguerite Yourcenar-, allí no se encontró más que unos papeles relativos a problemas que debieran estar ya solucionados, como facturas, impuestos sin pagar...

Las escasas notas que Grace toma en su agenda están escritas con una letra derrotada. "Aquí las cosas van sólo a medias", afirma Marguerite en varias cartas. Pero insiste sobre todo en la energía y en el valor de Grace, que la obligan a estimarla. Ella, que más adelante reprochará a Grace el haber querido "al final, si no ignorar su enfermedad, al menos no llamarla por su nombre", siente tal admiración por su amiga que se enfada fácilmente con los franceses que le hablan del silencio que debería guardarse con los enfermos de cáncer: "Me atrevería yo a decirles que la política del silencio no me parece, en absoluto, la mejor. Pienso que es una falta de respeto ocultar la verdad. Finalmente, con toda persona que albergue sentimientos religiosos u opiniones filosóficas, creo que nuestro deber es dejar que se prepare para la muerte como mejor lo entienda".

'Sigue muy grave'

Al resumir la enfermedad de Grace Frick, concluye: "Creíamos que la perdíamos el año pasado ( ... ), pero desde entonces acá, aunque sigue, muy grave, se mantiene y emplea lo mejor que puede las fuerzas que aún le quedan. Estoy segura de que este admirable resultado no se hubiese obtenido de haberla mantenido en la ignorancia". Marguerite Yourcenar siempre fustigará esa actitud "muy francesa" del silencio, ,,esa manera bastante indigna de confiscarle a la gente su destino". Su vehemencia, cuando hablaba de este tema, era una manera de rendir un homenaje póstumo a su compañera.

En realidad, las cosas no iban nada bien, aunque Grace decidiera, en el mes.de julio, pasar dos días en Boston con Marguerite para ver una exposición sobre Pompeya. Será su último viaje de placer. Irán en coche, y, es evidente, Grace conducirá, puesto que Marguerite no sabía conducir. Tardan seis horas en llegar a Boston... Marguerite, en la agenda pone unas xxx en la fecha del viaje, en los días 7 y 8 de julio de 1978, esos signos que significan arrebato, que solían utilizar en tiempos de su pasión, y que pronto reaparecerán en las agendas que lleva Marguerite sola, durante sus viajes con Jerry Wilson".

Con Adriano y Antinoo

En Antírioe, Marguerite "pensó sin cesar en su descripción de Adriano 'sostenido por una embriaguez lúcida". "Pensé también en las escaleras de mármol que yo había adivinado, que unían la ciudad al río. Pienso, en fin, durante todo esto, en la escena de lamentos y duelo del primer mes de Atis"."Subirmoos a una barca", añade Jean-Pierre Corteggiani, "y a unos 10 metros de la orilla, en el lugar donde tal vez se ahogó Antínoo, Marguerite Yourcenar, simbólicamente, tiró una bolsita llena de monedas". En sus notas de viaje, Marguerite Yourcenar, atribuye ese. gesto a Jerry Wilson... Y añade: "Me hubiera gustado visitar, en la otra orilla, el lugar donde Adriano entrega el cuerpo de su amigo a los embalsamadores. Pero además de que yo no quería superponer nada a Antínoe, había llegado la hora de que nuestros amigos volvieran a El Cairo. Hicimos bien, además, puesto que, una vez dentro del barco, asistimos a una escena inolvidable ( ... ). Yo estaba en mi cabina. Jerry, en la borda. Jerry me vino a buscar a toda prisa. Había visto a un policía persiguiendo a una mujer que se precipitaba al río, y que después la traía. Ella aullaba. Acudieron otras mujeres que también chillaban, con esos largos gritos que se dan en Oriente en los duelos. Todas agitaban sus chales con un ademán rítmico, repetido, impulsando hacia delante las largas puntas negras del chal, como si fueran alas. Un hombre de 30 años acababa de ahogarse, su falúa se había volcado ( ... ). La mujer que aullaba era su mujer. Otra mujer de más edad, que debía de ser su madre, bajó al río sin que nadie se lo impidiera y se frotó el pelo y la cara con barro, antes de unirse al coro. Entretanto, los hombres del pueblo, que también estaban presentes, contemplaban la escena, silenciosos. Un hombre se enjugó los cabellos con su amplia túnica. Un poco más tarde, fue a sentarse en el reborde de piedra, con la cabeza en las rodillas, muda y digna imagen, infinitamente conmovedora, del dolor (acaso Adriano también se enjugó los ojos con su toga, tal vez se sentó en la cabeza sobre las rodillas, entre los brazos). Los hombres re zaban. Belleza de esas oraciones que presentimos convencidas. Sí, yo pertenezco al mundo inmemorial tanto como para creer que los puentes irritan a los grandes ríos. Pienso en esa extraña coincidencia que nos hizo asistir a esa escena de duelo por un ahogado el mismo día de nuestra visita a Antínoe. Corteggiani nos contó que Adriano es allí calificado de alma del Nilo, ya qe divinizó a su amigo. Él debió escuchar este epíteto con cierta ironía".

Marguerite prosigue su viaje por Egipto acompañada constantemente por Adriano. "Nos dicen, cuando nos encaminamos hacia Luksor, que el 24 de enero del año 131 Adriano celebró allí su cumpleaños", anota. "Si este hecho, que no recuerdo haber visto mencionado, es verdad, ¿en que pensaría aquel día aquel hombre de 55 años?". Le gustaba relatar un incidente que, sin duda, contribuyó a intensificar la asimilación por ella soñada de Antínoo y Jerry. Una tarde, éste se tiró del barco al Nilo y se puso a nadar. No había contado con la corriente y le costó mucho volver a bordo. Muy asustado, "chorreando agua helada", se refugió en los brazos de Marguerite Yourcenar como si fuese un niño, y le dijo: "Debería haberme ahogado, igual que Antínoo... ".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de octubre de 1991

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