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Reportaje:YUGOSLAVIA, LA CULTURA DESGARRADA

Serbia, la gran desconocida

Los intelectuales de Belgrado, entre el peso de Milosevic y el miedo a la violencia

Belgrado
La primera víctima de la guerra étnica que ensangrienta Yugoslavia es la libertad. Los intelectuales yugoslavos bregan hoy en el laberinto del miedo, del vértigo nacionalista, interrumpidos los contactos con sus amigos de Serbia, Croacia, Eslovenia o Bosnia-Herzegovina. Quienes entre ellos creen aún en la sensatez y en la aspiración a la convivencia no pueden permitirse el lujo del optimismo: la voz de las armas suena por ahora más alta, y también el discurso de algunas cabezas consagradas a la intolerancia. Pero la realidad sigue teniendo mil matices y existe la esperanza de que las predicciones lógicas -incluso las más pesimistas- suelen fracasar estrepitosamente.

Belgrado no es la Serbia profunda, la de las bandas salvajes de guerrilleros cetniks similares a las de ustachas croatas. Pero Belgrado no es tampoco la ciudad uniformada ideológicamente por el bolchevismo-nacionalismo. Los tanques en la calle y su enfrentamiento con los manifestantes en marzo marcaron la ruptura entre amplios sectores de la intelligentsia y el líder serbio, Slobodan Milosevic. Ese divorcio, y la innata sensación experimentada por los leídos de que hay un abismo insalvable entre ellos y la violencia casi genética del pueblo serbio más mísero y aislado, caracteriza la vida de quienes en Belgrado tratan de seguir pensando y hablando por su cuenta.

Ferocidad

"La gente que está combatiendo por ejemplo en Knin, en la Krajna", dice Zoran (no quiere dar su nombre completo), "sean serbios o croatas, no cree en nadie. Nunca han tenido ni siquiera la idea de que puede existir algo remotamente parecido a la prosperidad: con comer un mendrugo y luchar contra el vecino, ya están haciendo lo que desde tiempos intemporales han hecho".Jovan Cirilov, director del Festival Internacional de Teatro de Belgrado, dice estar muy sorprendido de sí mismo, "porque siempre hubo en mi vida otras cosas que la política" y ahora no puede evitar que la política le entre en casa. "Si tengo que meditar sobre lo que me inspiran esos feroces serbios de zonas fronterizas, diré que me dan miedo", confiesa, "pero soy solidario con sus tribulaciones. No puedo entenderlos, pero siento simpatía y piedad por las víctimas". Cirilov mantiene para septiembre la convocatoria de la 25 edición del Festival: "Vendrán grupos como la Taganka de Moscú, el Station House Opera de Londres o el Cosmos Kolej-TNP de Lyon. Pero lo importante es que me ha confirmado su participación el Teatro Dramático Nacional Esloveno de Maribor".

El cineasta Aleksandar Petrovic, autor de Encontré gitanos felices, ha visto cómo su película Migraciones, sobre la gigantesca novela de Milos Cernianski -fallecido en 1977-, no podía inaugurar el festival de Pula, en Croacia, el más importante de Yugoslavia. El responsable de la muestra, viceministro croata de Cultura, la suspendió el día mismo de la apertura, aduciendo la "violencia general". Este año Yugoslavia sólo ha producido seis filmes, cuando la media de los últimos años era de 30.

El vendaval nacionalista desencadenado por el líder serbio, Milosevic, no deja indiferente a ningún intelectual. El cineasta Dusan Makavejev opta por sugerir en las páginas de Vreme -el semanario más crítico de Yugoslavia, que aún no ha tenido los problemas de presión del poder que ha sufrido el croata Danas- todo un bromista sistema de desplazamientos de población y de creación de "pequeños estados, con pequeñas banderas y con todo pequeño" e incluso la obligatoriedad de que el metro no mida 100 centímetros, sino 49, para que haya más territorio y más soberanía. "Deliro", concluye Makavejev, "pero de miedo".

En Belgrado hay hambre de periódico, y la oposición ideológica a Milosevic es notable. Petrovic escribe contra él en Borba. "Ahora hay más democracia en Belgrado que en Zagreb", dice. El periodista Stojan Cerovic, sobrino del disidente del titoísmo Milovan Djilas, es dirigente en Belgrado del pequeño y denodado Centro de Acciones Antiguerra, que funciona sobre todo en Sarajevo: "Milosevic depende mucho de esta guerra". El Centro convocó la semana pasada una manifestación en Belgrado, pero no hubo mucha gente, aunque sí periodistas. "En Sarajevo hace semanas salieron 100.000 personas", señala una manifestante, Gordana, "pero si esta situación sigue la etapa final podría ser la guerra civil en Serbia".

El novelista Slobodan Selenic, autor de Padres y patrones, sobre el fracaso de la incipiente burguesía serbia de entreguerras, cree que hay que derrotar a Milosevic y a Tudjman. "Sólo quieren la guerra", explica, "y no saben negociar. Los intelectuales que apoyan a Milosevic lo hacen porque les paga y pueden figurar: pero la mayoría de la intelligentsia en contra. Como serbio, me siento frustrado porque este gobierno autista ha provocado una fatal imagen exterior de Serbia. Por ahí piensan que estamos cerca de Rusia, pero Milosevic no construyó nunca el comunismo. Aquí hay más libertad de prensa que en Croacia. Pero no habrá democracia sin paz".

VIadimir Bogdanov, de Vreme, opta por el humor apocalíptico: "No hay mejor sitio para diagnosticar las paranolas que la supuesta cultura. Los libreros han llegado a ser étnicamente puros. En Zagreb no hay libros en cirílico, y en Belgrado no hay oportunidad para los escritores croatas. Lo peor está por llegar. Otra vez los pequeños estados, las regiones militares. Otra vez exportaremos cerdos a Austria".

El cordero y 'Slobo'

Dobrica Cosic es hoy considerado como el mentor intelectual del líder serbio, Slobodan Slobo Milosevic. Cosic es autor de una gran trilogía narrativa sobre la Serbia contemporánea, El tiempo de la muerte, y encabezó hace tres años un grupo de defensa de los derechos humanos. Pero una entrevista concedida a Polítika -hoy el diario más oficialista, pese a su pasado de rigor y credibilidad- el 26 de julio ha tenido un efecto multiplicador: muchos intelectuales serbios, indignados por la postura de apoyo a Milosevic evidenciada por Cosic, le devuelven desde entonces sus obras, que figuraban en todas las bibliotecas. El cineasta Makavejev, sin nombrarle, habla de un "escritor debajo del casco"."La neutralidad", declara Cosic, "hoy, con una guerra contra el pueblo serbio, representa una mentira y la cobardía moral. Si no hay un acuerdo entre los yugoslavos, el pueblo serbio tendrá que crear su propio espacio étnico". Son palabras que recuerdan al libro programático de Milosevic, Visiones del mundo. "La desintegración del titoísmo, la llegada al poder de los regímenes chovinistas y secesionistas de Eslovenia y Croacia, la agresión de los albaneses con tra los serbios en Kosovo, han generado la unión del pueblo serbio. El terror estatal y la auténtica guerra contra el pueblo serbio en Croacia nos han llevado a la conciencia de la identidad nacional. Los enemigos de los serbios han hecho que los serbios se conviertan en serbios".

Lo que duele a los intelectuales opuestos a Milosevic son frases como éstas: "Hay un nacionalismo derrotista -sobre todo entre la intelligentsia- que esconde, bajo una apariencla de yugoslavidad, el liberalismo, el utopismo europeísta y otros postulados ideológicos similares".

"Europa creó Yugoslavia", dice Cosic, "y la voluntad de Europa decidirá el futuro de Yugoslavia". Pero matiza, en velada advertencia a Alemania: "Los serbios tenemos motivos racionales para no integrarnos en el modelo democrático basado en los principios de la CE. Porque no hay que hacerse ilusiones de que dentro de la CE no existan aspiraciones hegemonistas".

Cosic aboga por unificar todas las líneas políticas en apoyo a la causa serbia: "Serbia merece no ser gobernada por un solo partido, y no merece la oposición de los politiqueros". Para él, Milosevic encarnaría esa causa: "Es el político serbio que se ha enfrentado a. condiciones más adversas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de agosto de 1991

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