Recepción con tinte de funeral de la Embajada de Irak en Madrid
GEORGINA HIGUERAS, La recepción celebrada en Madrid por el encargado de negocios iraquí, Jawad Kadim, para festejar la llegada al poder del Baaz fue un auténtico fracaso. No asistió ningún representante del Gobierno español, ni ningún embajador europeo. Sólo hicieron acto de presencia los encargados de negocios de la Nunciatura, de Rumania y de Yugoslavia y un ministro consejero de la Embajada de la URSS.
El ambiente parecía más de funeral de que cumpleaños. Kadim, el único diplomático iraquí que queda en España, optó por no retirarse de la puerta de la residencia. "Estamos aquí para recibir y despedir a la gente", dijo a este periódico Satar. En cierta medida tenía razón este funcionario del Ministerio de Información iraquí que se encarga de las relaciones de la sede diplomática con la Prensa. Los pocos invitados llegados lo hicieron a deshora y se fueron bastante antes de que finalizase la recepción. Los periodistas, que sufren las interminables esperas que requiere conseguir un visado para Irak, fueron los únicos fieles asistentes a la fiesta.
Kadim y Satar eran conscientes de que abandonar el umbral suponía enfrentarse a preguntas y flashes y optaron por no dejar su puesto, con excepción de un corta visita al jardín del encargado de negocios para saludar a los embajadores de la Liga Árabe, Jordanía, Mauritanla y de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
Los jardines de la residencia aparecían secos y mal cuidados. "Tenía que haber venido los años anteriores, cuando se congregaban en este jardín hasta bien entrada la noche miles de diplomáticos, intelectuales, artistas y hombres de negocios", aseguraba una secretaria de la Embajada.
Sin comunicación
Según reconoció Satar, aún sigue sin haber comunicación directa entre el Gobierno iraquí y su representación en España. "Nos comunicamos por fax con la Embajada iraquí en Jordania", señaló. Lo que está no muy claro es si estas anomalías son un problema o más bien una liberación. Al personal de la embajada no parece preocuparle no recibir órdenes directas de Bagdad. Otra cosa es la precaria situación económica en que se encuentran. Los salarios están reducidos y la Embajaba opera bajo mínimos.
La incertidumbre sobre cómo se encuentran los familiares y amigos con los que perdieron contacto al estallar la guerra, el 16 de enero pasado, es la pesadilla que atormenta a todos los iraquíes que trabajan en Madrid para el Gobierno de Bagdad. "Creo que están todos bien, mi familia vive en la capital y allí no ha pasado mucho", señala Satar con una sonrisa bastante forzada y empeñándose en mostrar la mayor naturalidad del mundo.
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