Cartas al director
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Mi madre patria

Señores lectores españoles: perdonen que me entrometa en la lectura de, su periódico, máxime aún siendo como soy extranjero.Soy cubano.... soy negro..., soy joven... En la escuela me enseñaron que en Europa vivía mi madre, bueno, o como ellos la llamaban, madre patria. Nos hacían soñar pensando que tras el Atlántico podríamos tener un famillar lejano y que nosotros podíamos ser descendientes de algún emigrante español; claro está que yo siempre pensé que como no fuera de la Guinea española..., no lo comprendía. En fin, Oxamendi Valdés me llamo, y me dijeron que de la tierra de la piel de toro proceden estos apellidos. Por esto y alguna cosa más, arraigó en mi interior la llusion de conocer España (con eñe). Así fue; aprovechando una gira europea del ballet Tropicana de Cuba, donde trabajaba, pude viajar a Italia y después a España, donde decidí pedir asilo político.

España, haciendo gala de democracia, me acogió y me concedió el asilo político, y hasta la Cruz Roja española me estuvo dando una ayuda de 31.600 pesetas, hasta que caducó a los seis meses. Ahora ya hace 14 meses que estoy viviendo con ustedes, en una dirección fija y bastante arraigado en una familia española.

Señores lectores: desde el primer día estoy buscando trabajo como bailarín, y como soy un buen profesional, me han ofrecido bastantes ofertas de empleo, entre las que cabría destacar. la que me ofreció el ballet Entre Amigos, de José Luis Moreno, cuyo contrato no pude firmar porque el Inem no quiso aceptarme por no tener permiso de trabajo, que paradójicamente para conseguirlo hace falta un contrato de trabajo. Yo me pregunto ¿cómo puede ser esta ley tan incongruente? ¿Cómo puedo romper el círculo?

Señores lectores, concluyo diciendo que, en mi modesta opinión, este país no debe alardear de protector de refugiados políticos si no les puede dar la oportunidad de vivir dignamente.

Es por esto por lo que ya no pienso tanto en la madre patria, sino en mi madre camal, que la dejé sola en Cuba pensando que desde aquí la podría ayudar. Ahora veo que no va a ser posible.

Me despido, no sin antes dar las gracias a este periódico por permitirme hacer uso, por primera vez en mi vida, de la libertad de expresión que Fidel Castro jamás me dio en Cuba, pero... no sólo de libertad vive el hombre.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 04 de junio de 1991.

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