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Un americano, sospechoso de degollar a la chica de finas facciones

El cadáver desnudo de Maite Gómez apareció cerca de Barajas

Un soldado norteamericano de la base aérea de Torrejón fue y sigue siendo hoy el principal sospechoso del asesinato de Maite Gómez García, de 18 años, cuyo cadáver desnudo fue hallado cerca de Barajas el 28 de marzo de 1978. Han transcurrido ya más de 13 años, y la muerte de la joven, empleada en un club nocturno, sigue impune. El abultado expediente elaborado en su día por la Brigada Judicial lleva un decenio sin ser hojeado.

María Teresa Gómez, una muchacha menuda y de finas facciones, natural de Barcelona, fue encontrada desnuda en una vieja factoría cercana al aeropuerto. Su asesino le había asestado en el cuello una cuchillada tan profunda que a punto estuvo de cortarle la cabeza.La única pista para identificar a la víctima era una alianza de oro con la inscripción: "Federico. 15-12-76". Las investigaciones para determinar si en esa fecha se había celebrado en Madrid un matrimonio en el que el contrayente respondiera al nombre de Federico dieron resultado negativo. La víctima fue identificada unos días después, cuando en la prensa se publicó una fotografía facilitada por la policía.

Junto al cadáver fueron encontrados tubos de ensayo con restos de sangre humana. En una de las paredes, de la factoría esÍaba escrita la ftase: "Todos cuantos entren aquí hallarán la gloria y descubrirán que no podrán salir. Descansen en paz". Tales circunstancias hicieron pensar que el crimen ocurrido en medio de un ritual diabólico. Las posteriores pesquisas lo descartaron.

Otro de los puntos más oscuros del caso es que jamás se determinó con exactitud el objeto con el que el agresor seccionó la garganta de la joven. La policía y el médico forense creyeron en principio que. el criminal había utilizado un afilado machete. No obstante, después se supo que el arma homicida fue un cortante trozo de chapa metálica que, manchado de sangre, fue encontrado en las proximidades de donde estaba el cadáver.

Los investigadores del Grupo IX de la Brigada Judicial averiguaron que la chica asesinada, pese a su juventud, era madre de una niña que entonces apenas contaba 14 meses de edad. Como su vida nocturna y desarraigada no le permitía atender a su hija, confió su cuid.ado a una paralítica a la que le- prometió pagarle por tal menester. Sin embargo, jamás cumplió tal promesa.El primer sospechoso

El primer sospechoso a interrogar era Federico, el hombre cuyo nombre figuraba grabado en la alianza de la muchacha, con la que tiempo atrás había mantenido un apasionado romance. Cuando ocurrió el homicidio, Federico estaba haciendo la mili en Madrid. Reconoció que había telefoneado a Malte unos días antes de su muerte para invitarla a pasar unas minivacaciones en San Sebastián. Pero ella le dio largas y su ex novio se marchó solo al País -Vasco. Tenía una coartada perfecta.

La víctima trabajaba en un club de alterne de San Fernando de Henares. Sus compañeras declararon a la policía que la noche del crimen la vieron abandonar,el drugstore de la calle de Fuencarral acompañada de una especie de gigante: un hombre de color, de más de 1,85 de estatura, con perilla, gafas de inoritura metálica y vestido con una llamativa camisa floreada, Lo que más les extrañó es que Maite hubiera aceptado la compañía de un negro: "Ella siempre había mostrado antipatía por las personas de esta raza, y nos reñía cuando nos veía alternar con un negro", dijeron.

A través de la autopsia se comprobó que en el estómago de la mujer había restos de tomate, lechuga y otros alimentos que ingirió en el drusgtore. Estaba claro, pues, que había muerto un par de horas después de cenar.

Diversos indicios hicieron pensar que el hombre de la canilsa floreada podía ser un militar norteamericano. Pero las autoridades tardaron en permitir que la policía española hurgase en sus archivos, y cuando lo hizo quizás era ya demasiado tarde. Todavía hoy, 13 años después, algunos de los inspectores que participaron en la investigación mantienen la convicción de que el asesino fue un soldado de la base conjunta de Torrejón de Ardoz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de mayo de 1991

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