Vértigo
"¡Dios está en camino, Dios está llegando!", grita un negro en la Quinta Avenida de Nueva York. Nadie le hace caso y él se indigna y golpea la luna de una agencia de viajes con su pancarta. Desde el interior los clientes le miran asustados, aunque saben que antes de que llegue Dios lo hará la policía. Así es. Lo arrastran hasta un coche y desaparece.Veo por televisión la paliza que tres policías de Los Angeles le dan a un negro de 25 años, sin motivo y sin empleo. Al cabo de 53 golpes salvajes lo dejan tendido, con una pierna rota y el rostro desfigurado.
Veo al jefe de la policía que dice: "Los negros se asfixian con más facilidad que la gente normal cuando se les agarra del cuello".
Veo a George Bush indignado porque en las calles de su país han perdido la vida en un año más policías en acto de servicio que soldados en la guerra del Golfo. Eso no puede ser, advierte el presidente. Extenderá la pena de muerte a los Estados que no la tienen y se ejecutará sin demora. Pero no va a prohibir la venta de armas de fuego.
Veo luego la novela American psycho en los escaparates. Su autor ha recibido amenazas de muerte. Varias organizaciones feministas quieren boicotear la venta del libro. También ha protestado la sociedad protectora de animales. Narra las perversiones de un yuppy blanco de Wall Street que en sus ratos libres se dedica a asesinar vagabundos negros, poner ratas hambrientas en la vagina de las mujeres y apuñalar a los perros callejeros. Naturalmente, este héroe moderno sale impune de sus crímenes, considerados como un puro pasatiempo. Lo que hace él, sugiere el autor de la mediocre y escandalosa novela, está al alcance de cualquiera.
Veo luego el Empire State Building, desde el que hoy todavía no se ha suicidado nadie. El vértigo está abajo.


























































