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CARTAS AL DIRECTOR

Las lágrimas de Boabdil

Son las que derramaría, si algunas quedaron, al ver lo que han hecho con su ciudad.Visité Granada como uno más de los miles de turistas que cada año lo hacen. Estuve tres días allí, estoy indignado y lo siento por los granadinos, que supongo ninguna culpa tienen.

La visita me ha supuesto el sufrir una ciudad antigua, no hecha para coches, sin parques, jardines, zonas verdes, calles peatonales, salvo pequeñas excepciones, en la que al intentar andar por sus calles me he sentido acorralado, ahumado por un tráfico sin fin, coches y, sobre todo, muchísimas motos, que consiguieron que mi estancia fuera un ataque contínuo a mis debilitados nervios de ciudadano de Madrid.

Yo les pediría a las autoridades municipales de Granada que, si quieren seguir manteniendo su ciudad entre las más turísticas de España, arreglen ese desaguisado. Ah, existe una isla de tranquilidad dentro del caos llamado Alhambra, que demuestra, sólo a unos cuantos metros de distancia, lo bien que lo hace el ser humano cuando se lo propone. Claro que eso fue hace más de 500 años y aún no existía la caja tonta con ruedas.- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de diciembre de 1990