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Desinformación en el exterior

La tensión y la desinformación fueron las características más significativas en el exterior del recinto penitenciario durante las casi 55 horas de motín. Desde que los reclusos amotinados recordaron con "pinchos" y rehenes que ellos forman parte de la sociedad que vive en el exterior de Fontcalent, varias decenas de familiares de los presos acudieron a las puertas de la cárcel.La espera larga y tensa de las personas que tenían familia en los módulos afectados por el motín sólo se vio interrumpida en dos ocasiones. La primera, a las 3.30 del martes; la segunda, a las 13.10 de ayer, media hora antes del desenlace final. En ambas ocasiones, varios funcionarios se limitaron a facilitar a las madres, esposas y hermanos que aguardaban turno información sobre el módulo en que se encontraba el familiar recluso y si estaba herido.

Las entradas y salidas de Fontcalent del director general de Instituciones Penitenciarias, Antoni Asunción, y del gobernador civil de Alicante, Pedro Valdecantos, hicieron que se encresparan aún más los ánimos de los congregados a la puerta de la prisión. El paso veloz de los coches oficiales y el mutismo del personal del recinto penitenciarlo convirtieron la tensión en indignación, sentimiento que se transformó en cólera con el paso de las ambulancias, que, haciendo sonar sus sirenas, salieron en la tarde del martes y en la mañana de ayer con presos heridos.

Las escasas y confusas informaciones facilitadas por funcionarios, reclusos, sindicatos y Gobierno Civil de Alicante convirtieron los receptores de radio en el medio más utilizado por la propia Guardia Civil del centro penitenciario para saber qué pasaba en el interior de Fontcalent.

Camuflaje de preparativos

El abundante trasiego de vehículos de todo tipo que entraban y salían por las puertas de la prisión y el amplio perímetro de Fontcalent, donde se ubican los diversos centros de cumplimiento y las residencias de los funcionarios, permitieron camuflar los preparativos de la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil.

En el exterior, los familiares de los reclusos esperaban impacientes la reanudación de las vi sitas, mientras ansiosos preguntaban: "¿Qué pasa?".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de noviembre de 1990