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El motín de Fontcalent termina con la irrupción de la Guardia Civil y la liberación de los rehenes

El motín de la cárcel de Fontcalent, de Alicante, terminó ayer, poco antes de las dos de la tarde, con la irrupción de efectivos de la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil. La asonada fue neutralizada en una acción en la que, tras romper mediante explosivos las puertas del módulo 3 de la prisión, donde se habían hecho fuertes los amotinados, las fuerzas de seguridad lograron la liberación de los cuatro rehenes que permanecían retenidos. Los cinco cabecillas de la rebelión fueron detenidos. Momentos antes de la irrupción de la Guardia Civil habían quedado interrumpidas las negociaciones que el gobernador civil de Alicante, Pedro Valdecantos, y el director general de Instituciones Penitenciarias, Antoni Asunción, habían mantenido con los presos.

Las negociaciones no permitieron finalmente alcanzar acuerdo alguno para la resolución pacífica del conflicto. A primeras horas de la mañana de ayer, el director general de Instituciones Penitenciarias abandonaba la prisión tras más de 15 horas de negociación con los portavoces de los amotinados, que poco después, sin embargo, dejaban en libertad a 200 presos del módulo -en el que se habían hecho fuertes- que no secundaban la revuelta. El motín había comenzado en el módulo 4 del centro penitenciario de Fontcalent, de máxima seguridad y reservado a los presos más peligrosos.Asunción regresó poco después de las doce de la mañana para reemprender las conversaciones. En ese momento sólo quedaban en el módulo 3 los cinco reclusos cabecillas de la revuelta, junto a los cuatro funcionarios retenidos. Paralelamente, los cuerpos especiales de la Guardia Civil tomaban posiciones en el edificio. A las 13.45 comenzó el asalto final. A esa hora se oyeron desde el exterior de la prisión varias detonaciones, que fuentes de la Guardia Civil atribuyeron a los explosivos utilizados para violentar las puertas del módulo 3. Poco después se pudo ver humo y se escucharon algunos gritos y golpes.

La intervención fue rápida y en el transcurso de la misma los amotinados resultaron con contusiones de diversa consideración, mientras que los funcionarios retenidos, que colaboraron haciendo frente a sus secuestradores de forma simultánea, salieron ilesos.

Intento de fuga

Los cuerpos especiales de la Guardia Civil, con 78 agentes, no encontraron gran resistencia, en parte gracias a la rapidez de la acción y a que ésta fue realizada por sorpresa. La intervención se precipitó cuando los negociadores por parte de la administración penitenciaria comprobaron que los cabecillas del motín no tenían otra intención que la de fugarse. En la operación fueron detenidos Manuel Pinteño Sánchez, de 33 años; Antonio Cortés Escobedo, de 28; Francisco Sánchez García, de 24; Héctor Guillén Serra, de 24, y Vicente Gómez Cortés, de 23. Los dos primeros, que se mantuvieron desde el principio a la cabeza de la asonada, ya habían sido protagonistas de secuestros de funcionarios en la prisión alicantina y habían intentado fugarse en varias ocasiones, alguna de ellas con éxito. Ambos habían sido devueltos recientemente a Fontcalent para asistir a juicios pendientes.

Pinteño tiene penas que suman un total de 55 años de prisión por robos, secuestros y evasiones, y tiene además otras causas pendientes. Participó en el secuestro de un funcionario en marzo de 1985. Cortés Escobedo, que cumple condena de 35 años por varios delitos de asesinato, robos y secuestros, intervino en el secuestro de otro funcionario de Fontcalent en el año 1986. Pinteño y Cortés han nací do en Elda (Alicante). Son compañeros de correrías diversas y respetados en ambientes delictivos.

En las primeras horas del motín, los cabecillas habían aducido como motivos de la asonada las malas condiciones de la cárcel de Fontcalent y los supuestos malos tratos a los que eran sometidos. Asunción negó por la tarde en conferencia de prensa, que en las cárceles españolas se den casos de malos tratos a los internos. Posteriormente, sin embargo, las justificaciones iniciales dieron paso a otras cuestiones, y así, en la tarde del martes, los amotinados pedían un furgón, primero, y un helicóptero, después, para huir. No se sabe si ésta era su verdadera primera intención o si, por el contrario, se vieron impelidos a protagonizar una huida hacia adelante a la vista del cariz que había adquirido la rebelión y al tomar conciencia de que no podían hacer marcha atrás.

Medio centenar de presos fueron trasladados en la tarde de ayer a Murcia, ya que los destrozos que se produjeron durante el motín impedían su permanencia en Fontcalent. Los cinco presos detenidos fueron trasladados ayer mismo a diferentes cárceles españolas, según Asunción, que anunció que se les abrirá expediente.

El momento de máxima tensión se vivió en la noche del lunes, cuando varios reclusos mantuvieron una reyerta, al parecer por la negativa de otros compañeros a secundar la protesta. El resultado fue un ciudadano argelino muerto tras recibir unas 20 puñaladas y otros dos heridos, que fueron ingresados en el hospital.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de noviembre de 1990

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