FERIA DEL PILAR

Lo comercial

Lo comercial es cuanto ayer se vio en este coso. Los toros de Manolo González, terciadísimos y con poca pinta para una plaza de primera, anduvieron en el típico espectáculo de la moda al uso: sin fuerzas, blandísimos, todos para el unipuyazo, que en la plaza de Zaragoza se está convirtiendo en el uniseñalado toquecito, y luego los toreros, en este caso figuras como Roberto Domínguez y Ortega Cano, en su papel de entretener.Quien entretuvo y con la verdad por delante fue una vez más el torero de plata Curro Cruz, pues prendió con precisión, en él ya habitual, dos excelentes pares de banderillas al segundo de la tarde por cuanto obligado fue a desmonterarse.

Raúl Aranda, en su paseíllo número 50 en esta plaza, se encontró una vez más con el calor del paisanaje. No dudó el torero en corresponder con una faena de buen corte, ante su primero, un bizco del izquierdo con poca cara y mucha blandura.

González / Aranda, Domínguez, Ortega

Cinco toros de Manolo González, terciados, mansos, blandos y de juego desigual; 22, de Flores Tassara, manso y blando.Raúl Aranda: oreja; palmas y salida al tercio. Roberto Domínguez: división; oreja. Ortega Cano: oreja; palmas y salida al tercio. Plaza de Zaragoza, 10 de octubre. Quinta corrida de la Feria del Pilar. Lleno.

Con gusto y templando, construyó Raúl Aranda una faena exacta con la muleta, la bonancible embestida pastueña del toro le permitió esto y tal vez algo más. Derechazos y naturales justos en la ligazón con los de pecho tuvieron gran calidad, indudablemente. Ante la descompuesta embestida del cuarto, Raúl Aranda, insistente y machacón, aburrió al personal.

Miraba y medía

Pero fue Roberto Domínguez quien ante el derrengadillo segundo de Flores Tassara abrevió sin más. Cierto es que el toro miraba y medía, con lo que eso fastidia, mas de este modo el diestro macheteó con brevedad, le tocó los costadillos y tiró por la calle de enmedio, que ya es tirar, pues a estas alturas de temporada debe de estar pensando el maestro de Valladolid que por su parte todo ya ha quedado hecho, incluso la faena ante el anovillado quinto, al que diseñó finas y ajustadas verónicas. Después, sometiendo en la muleta al astado, extrajo tandas de derechazos jaleadísimas por el respetable, que no dudaba en valorar tal faena como si fuera de las más grandes de la historia. Cosas raras tiene la fiesta.Ortega Cano, discreto ante el tercero, no cambió con el sexto, que más que embestir pasaba manso y distraído ante los trastos del diestro de Cartagena.

En definitiva, fue la de ayer una tarde de figuras vulgar, corriente y pueblerina, aunque para que no se fuesen de vacío el público benévolo de Zaragoza obsequiara una oreja a cada matador. La afición cabal todavía espera ilusionada la presencia del toro y del torero que ante él sepa estar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0010, 10 de octubre de 1990.