NOCTURNO MADRILEÑO

Víctor y Ana volvieron por sus fueros

San Sebastián de los Reyes - 08 Aug 1990 - 00:00 CEST

Malla negra y tul amarillo, Ana. Todo gris, Víctor. Casi lleno y 50.000 vatios de sonido cuando comenzó el espectáculo a las 22.10 entre 3.000 bombillas de 100 voltios.Víctor Manuel y Ana Belén como en el telón de gasa que dividía en dos el escenario, abrieron la noche de cuarto menguante en la plaza de toros La Tercera de San Sebastián de los Reyes.

Un total de 32 agentes de la policía local, otros tantos guardas jurados y algunos miembros del Cuerpo Nacional de Policía vigilaban atentamente el orden de los más de 3.000 espectadores -un aforo máximo de 5.000- que se autoseleccionaron estratégicamente.

Bermudas y vaqueros

Matrimonios jóvenes con niños y no tan jóvenes se situaron en las gradas frontales al escenario, y los adolescentes y quinceañeras, en el albero, agolpándose junto a las vallas que marcan la distancia de seguridad al escenario. Los bermudas, los vaqueros y las camisetas lucían en la arena, mientras que los pantalones dé tergal y las faldas pantalón reposaban en las gradas.

Niña de agua abrió el directo, y Ana hizo de telonera con dos canciones más todos estaban en silencio, y algunos, embelesados.

Víctor rompió el hielo con Cruzar los brazos al son de juegos de luces y mucha marcha (aullidos de quinceañeras de primera fila y saltos con palmas de la multitud).

Tres de Ana y tres de Víctor, ilustradas con proyécciones en una pantalla gigante al tema de las canciones, se alternaron durante la actuación mientras ámbos se utilizaban mutuamente como coro.

Gritos de "torera" a ella y vítores a Víctor se oían al unísono desde las gradas tras cada singing and drinking de voces y latas de refrescos que se utilizaban a modo de maracas.

Tras hora y media de concierto, Víctor y Ana se unieron en el escenario para interpretar la canción que casi se hizo himno a la capital y que tiene por protagonista a la Puerta de Alcalá. Arde París e Insumisión fueron las más aplaudidas.

El contrato de la pareja superó los seis millones. de pesetas más los gastos de luminotecnia, organización y montaje, que costaron un millón de pesetas al Ayuntamiento. El balance económico del`concierto fue negativo para las arcas municipales en una cifra superior a los dos millones de pesetas.

Los tarareos subieron en intensidad al calor del final con las canciones más populares, como La muralla; La puerta de Alcalá y Asturias, que fue solicitada con insistencia por el público.

Ya en el tiempo de descuento, La muralla consiguió unir las manos, que para terminar se convirtieron en salsa brasileña que se ondeaba al son que marcaba el Balancé.

Entre bastidores

A pesar de las casi dos horas de actuación, una para cada uno, Víctor entre bastidores se dirigió a los camerinos bailando y tarareando la última melodía que sonó en la actuación, Balancé.

El equipo de sonido, de 50.000 vatios, permitió una correcta audición a todos los coricentrados en cualquier punto de la plaza. Sin embargo, la luminotecnia no estuvo tan al gusto de todos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0008, 08 de agosto de 1990.