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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre Manuel Puig y Carlos Barral

Mi artículo Manuel Puig (EL PAÍS, 27-7-1990) y su evocación de las dificultades con las que tropezó su autor para editar su primera novela en España ha suscitado una respuesta de mi amigo y colega Juan Marsé a mi presunta "ofensa a la memoria de Carlos Barral" (EL PAÍS, 297-1990). Sin el menor ánimo de polemizar con él, quisiera precisar, no obstante, algunas cosas:1. No he aguardado a la muerte de Carlos Barral para opinar libremente sobre él y dar a conocer diversos episodios poco brillantes de su carrera profesional, no sólo tocante a mi novela Don Julián, sino también a obras de Severo Sarduy y de García Márquez.

2. El hecho al que aludo me fue referido por tres miembros del jurado del Premio Biblioteca Breve, uno de ellos, insisto, por escrito. Si no incluí en mi artículo sus comentarios de entonces fue para no recargar aquél con juicios negativos acerca de la actuación del fallecido editor e incurrir así en la previsible acusación de amor muerto, gran lanzada.

3. Mi exposición de los roces de Manuel Puig con el mundo político-literario español y no es pañol de las dos pasadas décadas se convierte milagrosamente en la pluma de Juan Marsé en una manifestación más de mi "enfermiza manía de que en España no se [me] reconoce suficientemente [mis] méritos literarios, se [me] desdeña y se [me] ningunea". ¡Quién lo hubiera creído! Este viejísimo cliché acuñado por el franquismo tiene, por lo visto, más vidas que los gatos y, como la liebre del refrán, salta por donde menos se espera.

4. Carlos Barral -seamos justos con él- no se equivocó con Marsé, autor a quien aprecio y al que considero uno de los novelistas más valiosos de nuestra desdichada posguerra.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de julio de 1990