300 refugiados africanos viven en los jardines próximos al Palacio Real

Alrededor de 300 africanos viven y duermen diariamente en los jardines próximos al Palacio Real; los de Sabatini, los de la plaza de España y los del templo de Debod. Proceden de Angola, Nigeria, Camerún, Suráfrica y Senegal. Son refugiados políticos que subsisten gracias a las 31.500 pesetas al mes que les da la Cruz Roja. El concejal Angel Matanzo, presidente del distrito Centro, asegura que "es bochornoso para Madrid" el espectáculo que dan estas personas cuando lavan sus ropas, que después tienden en los setos".

Son las seis de la tarde. El termómetro marca 1,0 grados. En los jardines de Sabatini, a un costado del palacio de Oriente, decenas de africanos dormitan en los bancos de piedra o de madera. Son algunos de los centenares de refugiados que han llegado a España huyendo de la guerra, de la miseria o del régimen racista surafricano.

Aubrey, un surafricano de 24 años, escucha música reggae con un radiocasete. "Salí de mi país hace 13 meses. Antes estuve enrolado como marinero en un pesquero chino. Me marché porque no me gusta el sistema político que hay allí", dice.

Aubrey cuenta que vive en la calle porque no tiene otra alternativa con las 31.500 pesetas que recibe como refugiado. "Dormir en una pensión cuesta 1.000 pesetas diarias, ¿no? Y ya sabe usted lo cara que es la comida y la ropa...". Así que lleva un régimen de vida espartano: come una sola vez al día en alguno de los comedores sociales o religiosos que hay en la ciudad y pernocta al aire libre.

Un grupo de angoleños habla en su lengua, sentado en un banco, a la sombra de un viejo árbol. Varios de ellos miran al periodista con recelo y se niegan a ser fotografiados. Joâo, que dice ser mecánico motorista y tiene aspecto de intelectual, se constituye en improvisado portavoz: "Hemos huido de Angola porque estamos hartos de la guerra. Hemos dejado allí a nuestras mujeres y no podemos volver porque, si lo hacemos, nos matan nada más llegar. Sabemos cómo están las cosas en nuestro país porque nuestras mujeres nos escriben a la lista de correos".

Cuatro nigerianos dormitan tumbados en el césped, a pocos metros del Palacio Real, sin importarles demasiado la presencia del guardia civil que custodia el recinto palaciego metralleta en ristre.

El único documento que posee la mayoría de los africanos es el que les ampara como refugiados políticos. Cada tres meses tienen que ir a la policía para renovar su permiso de residencia hasta que las autoridades adopten una determinación sobre su solicitud de asilo.

Casi todos coincidieron en que la policía no suele importunarlos ni detenerlos. Pese a ello, hay noches que la policía aparece a las tres o las cuatro de la madrugada y les despierta para comprobar su documentación. En general, no se quejan del trato que les dan las fuerzas de seguridad del Estado.

Otro centenar de africanos pernocta en los jardines de la plaza de España. Al filo de la madrugada, 12 de ellos forman un improvisado equipo de fútbol y dan patadas a un balón bajo la mirada de bronce de Don Quijote y Sancho Panza. Dos patrulleros del Cuerpo Nacional de Policía apenas reparan en ellos por estar acostumbrados a esta estampa.

Contrariamente a lo que pudiera pensarse, estos refugiados aceptan su situación con insólita resignación. "La vida es muy dura para los morenos, pero también lo es para muchos españoles que comen con nosotros en los comedores de la iglesia", comenta un hombre de Ghana.

"Son buena gente".

La gran mayoría de los refugiados "no da problemas" aunque ocasionalmente haya algún grupo que trafique con pequeñas cantidades de heroína o cometa pequeños hurtos, según fuentes de las comisarías de Centro y Latina. "Casi todos son buena gente, de verdad", afirma un policía.La policía ha descubierto también que algunos africanos han inventado un sistema para defraudar a los organismos de apoyo a los refugiados: cada uno de ellos se inscribe bajo dos o tres identidades diferentes y así se beneficia de otras tantas ayudas.

Ángel Matanzo, presidente de la Junta Municipal de Centro, declara: "Yo no quiero mano dura, sino que se cumplan las ordenanzas y que se respeten los jardines. No es bueno para el país que junto al Palacio Real haya gente lavando ropa. Sea la gente que sea. No se puede consentir que vengan personalidades a presentar cartas credenciales y vean ese espectáculo".

"Si los africanos no tienen dinero para vivir mejor, que se lo dé Felipe González. Para el Ayuntamiento, lo primero es atender las necesidades de los madrileños. Creo yo, ¿no?", añade Matanzo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 28 de junio de 1990.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50