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ELECCIONES ANDALUZAS

Los militantes convierten a Guerra en el triunfador moral de las elecciones

El vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, se convirtió anoche en el triunfador moral de las elecciones andaluzas. Así se encargaron de resaltarlo centenares de militantes socialistas y los máximos dirigentes del PSOE, llegados a Sevilla desde toda España. Guerra recibió muestras de adhesión y afecto que superaron a las expresadas al futuro presidente de la Junta, Manuel Chaves, el cual, en su primer discurso institucional, pidió la colaboración de las fuerzas económicas, sindicales y sociales para los próximos cuatro años.

Dirigentes de numerosas federaciones se desplazaron ayer a Andalucía para festejar el triunfo de sus compañeros andaluces, que se concentraron por cientos en un hotel sevillano. Todos ellos dispensaron a Alfonso Guerra un recibimiento apoteósico a modo de desagravio. "Ha estado tantos meses recibiendo caña...", manifestaban los militantes que pugnaban por acercarse a Guerra, que no daba paraba de besar niños, mujeres y abrazar a tantos como se lo requerían.Guerra, a quien llegaron a estrujar hasta el punto de arrancarle algún botón, mostró "una gran satisfacción y una gran alegría porque el pueblo andaluz ha confiado nuevamente en el PSOE", a pesar de "la campaña en contra realizada por todos los partidos y algunos medios de comunicación" En medio de un verdadero tumulto una periodista le preguntó si estaba pensando en retirarse de la política en breve- "No haga usted caso, eso son mentiras", respondió Guerra.

El vicepresidente, que no ocultó el malestar que le ha producido un periodo electoral marcado por el escándalo de su hermano Juan, dijo: "Siempre he tenido gran confianza en el pueblo andaluz, que sabe distinguir perfectamente entre la verdad y la mentira; sabe quién le defiende y quién le miente. Ha sancionado a quienes han hecho una campaña que no ha sido democrática".

Anoche ningún socialista guardaba la calma suficiente como para hacer un mínimo análisis de los resultados y todo eran declaraciones jubilosas, realizadas incluso con un tono de cierta altivez. Chaves era el único que mantenía su línea de siempre, que fue la que utilizó para realizar su primer discurso institucional a la manera cómo lo ha hecho Felipe González en las tres noches de sus triunfos electorales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de junio de 1990

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