Editorial:Editorial
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Un pragmático

NADIE SABE si tras las gafas oscuras de Wojciech Jaruzelski se oculta o no un demócrata, pero algo es seguro: que hay un pragmático. El presidente de Polonia implantó la ley marcial en diciembre de 1981 e ilegalizó Solidaridad, pero la historia aún no ha decidido del todo si es válida su coartada de que con ello evitó que los tanques soviéticos entraran en Varsovia, como antes lo hicieron en Budapest o Praga. Y es más que probable que, en algún rincón de un cerebro más de estadista que de militar, atisbara la dirección que tomaban los acontecimientos en el Este de Europa. La presión social contra el régimen fue, probablemente, la clave de una transición hacia la democracia que hizo caer la primera ficha de un dominó que ha liquidado en las urnas las dictaduras comunistas. El consenso permitió un reparto de poder tan delicado que el propio Lech Walesa está furioso porque uno de los suyos, Tadeusz Mazowiecki, a quien él mismo hizo primer ministro, ejerce de gobernante y no de militante.El pragmatismo de Solidaridad y el del propio Walesa rechinan con la apenas disimulada voluntad del premio Nobel de la Paz de ser él mismo presidente. Pero hay más: la transición polaca, que abrió el camino reformista, se ha quedado corta. La revolución del Este aprovechó la experiencia polaca y la sobrepasó con creces. La cohabitación peligra. Y, con ella, el futuro político de Jaruzelski, que ahora, cuando visita oficialmente España, puede reclamar con buenos argumentos el respeto que merece un hombre de Estado que ha sabido mirar hacia delante y acomodarse al ritmo de la historia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0011, 11 de junio de 1990.

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