Cinco médicos se declaran inocentes de la muerte de un niño tras una operación
Los cinco médicos, cuatro cirujanos y una anestesista, acusados de una imprudencia con el resultado de la muerte del niño Víctor Llorens, de cinco años, después de ser operado de apendicitis en el hospital La Fe de Valencia, se declararon inocentes durante el juicio iniciado ayer. Los padres del pequeño, que han conseguido reabrir el caso seis años más tarde, consideran que, de no existir negligencia en la intervención médica, su hijo se hubiera salvado.
El fiscal y la acusación particular, por un lado, y las defensas de los médicos que atendieron al pequeño, por otro, mantuvieron ayer versiones contradictorias respecto a la atención recibida por el menor. Víctor Llorens ingresó en urgencias del hospital infantil de La Fe el día 17 de marzo de 1984 y fue intervenido de apendicits aguda ese mismo día. Durante los cinco días siguientes, los profesionales que le atendían procedieron al drenaje de un "abceso de pared abdominal" y Víctor fue dado de alta el 30 de marzo con la herida "en vías de curación"Los padres del menor acudieron los días 2, 3 y 4 de abril al servicio de urgencias del mencionado hospital, ya que el niño presentaba un cuadro febril que no remitía y fue atendido "efectuándosele tacto renal analíticas y exploración radiológica". El día 5, fue hospitalizado y dos días más tarde fue operado de un abceso en la cavidad peritoneal.
A partir de este momento, los testimonios de lo sucedido son bien distintos. Según el ministerio público y la acusación particular, los médicos limpiaron el abceso sin efectuarle el correspondiente drenaje, "lo que motivó que durante los días que siguieron a la intervención el enfermo presentara picos febríles y dolores en la fosa ilíaca". Para los cirujanos acusados, el drenaje "no sólo no era necesario, sino que la doctrina científica más moderna aconseja su no utilización".
El día 13 de abril, los médicos confirmaron la existencia de un abceso en la fosa llíaca derecha. Sin embargo, Víctor Llorens falleció, 24 horas más tarde, por una pericarditis.
La acusación particular afirmó ayer que el pequeño debió ser hospitalizado durante los días siguientes a la primera intervención y tambien que no fue objeto de todas las medidas exploratorias necesarias. Contra este criterio, la defensa de acusados sostuvo que el pequeño fue objeto de "la vigilancia y el control médico pertinentes".
Los médicos forenses de la Audiencia de Valencia, que ayer declararon durante el juicio, aseguraron que "de haberse tratado el proceso infeccioso más rápidamente, se podría haber evitado la pericarditis". Igualmente aseguraron que el niño debió haber sido hospitalizado con anterioridad a su segundo ingreso en el centro sanitario, "para ser objeto de un control médico riguroso".


























































