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Condenado a dos años por llamar "dictador de pacotilla" al juez que le envió a prisión

La Sala Segunda del Tribunal Supremo ha ratificado la pena de dos años, cuatro meses y un día impuesta al preso Juan Redondo Fernández por enviar desde la cárcel una carta al presidente del tribunal que le condenó en la que le calificaba de "basura", "pobre viejo diablo" y "dictador de pacotilla". El Supremo ha considerado que tales expresiones "afectan a la dignidad de la propia función jurisdiccional".En octubre de 1985, Juan Redondo Fernández se encontraba en la cárcel de Ávila cumpliendo varias condenas impuestas por la Audiencia de Badajoz por tres delitos de robo, tenencia ilícita de armas, evasión de presos,y un delito contra la seguridad en el tráfico. Estando en prisión, el preso envió una carta al presidente de la Audiencia Provincial de Badajoz, José García Oriozabala, opinando que el magistrado formaba parte de una banda de estúpidos e imbéciles" y era "un pobre viejo diablo", "una basura" y un "dictador de pacotilla".

La carta llegó a su destinatario. El juez número 3 de Badajoz instruyó sumarlo, lo envió a la Audiencia Provincial y la sentencia, dictada tres meses después de los hechos, impuso una nueva condena de dos años, cuatro meses y un día a Juan Redondo, por delito de desacato.

En su recurso ante el Supremo, el defensor de Redondo pretendió sostener que la carta no había sido manuscrita por el condenado. Sin embargo, esa alegación ha sido considerada incongruente, habida cuenta de que durante el juicio Redondo reconoció ser autor de la carta y su abogado sólo discrepó en que la pena que debía imponérsele debía ser de seis meses de prisión.

Tampoco ha sido acogido por el Supremo el alegato de que los insultos dirigidos al presidente de la Audiencia de Badajoz "no revestían el carácter de gravedad" estimado en la sentencia. "Las expresiones dirigidas a una autoridad Judicial en el ejercicio de sus funciones", dice la sentencia, "es evidente que afectan a la dignidad de la propia función jurisdiccional, y por tanto han de reputarse graves".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de mayo de 1990