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Crítica:ROCK

'Rock and roll star'

Curioso comienzo de la programación musical en las fiestas patronales madrileñas. Tres grupos pertenecientes a una misma compañía díscográfica y a la misma oficina de representantes que también trabaja con los tres grupos de rap que levantaron las iras de los 20.000 espectadores que ocupaban la mitad del aforo del auditorio de la Casa de Campo cuando interpretaron dos canciones entre actuación y actuación. ¡Bingo!A Los Romeos les correspondió la papeleta de abrir la noche. El grupo madrileño, que acaba de publicar su primer disco, tiene un planteamiento tan astuto como poco original: la bella y las bestias. Como una Lolita con los Ramones, Los Romeos basan su música en una mujer con voz entre Jeanette y Silvie Vartan y en cuatro músicos que desarrollan un acompañamiento muy enérgico. La presencia a la batería de Ñete -un veterano del pop español- garantiza la solidez rítmica. En directo, Los Romeos no alcanzan la potencia que desprenden en disco y se nota su bisoñez. Construyen bien sus canciones pop y necesitan tiempo y experiencia.

Los Romeos, Héroes del Silencio y Loquillo y Los Trogloditas

Fiestas de San Isidro. Auditorio de la Casa de Campo. Madrid, 12 de mayo.

El grupo Héroes del Silencio demostró que lo suyo es el directo, y la calidad de sus recitales le ha permitido vender 125.000 ejemplares de sus discos. La formación de cuarteto -voz, guitarra, bajo y batería- es una de las más clásicas, difíciles y arriesgadas del pop, y el grupo zaragozano saca un excelente partido a esta austeridad instrumental. Dominan la utilización del sonido, creando una ambiente que envuelve la música del grupo y sobre el que la voz de Enrique Bumbury se desarrolla con expresividad y fuerza. Con canciones grandilocuentes, épicas y desgarradas -encuadradas en ciertos tópicos que afectan a los grupos de culto,-, Héroes del Silencio demostró su profesionalidad sin que los lugares comunes de su música impidieran un éxito importante ante un público que había acudido a escuchar a Loquillo.

José María Sanz, Loquillo, salió al escenario al borde de la medianoche. ¡A por ellos... ! que son pocos y cobardes, el último disco del cantante catalán, ha vendido 2100.000 ejemplares y tiene de todo, cómo sus recitales: rock and roll a la manera de los Rolling Stones (Besos robados) swing (Mis problemas con las mujeres), baladas (Cadillac solitario) influencias del soul (Carne para Linda) y hasta versiones de Brassens (La mala reputación).

Loquillo, uno de los cantantes de tesitura más limitada de la música española, ha estandarizado el rock, se ha convertido en un crooner de esta música de sus canciones (Quiero un camión; Cadillac solitario;

Besos robados; La mala reputación; Chanel, cocaína y Don Perignon; En las calles de Madrid; Esto no es Hawaii; Ritmo de garaje y Rock and roll star) son himnos que han calado en una audiencia amplia por su facilidad, variedad de estilos y textos y utilización de los arquetipos para conseguir el éxito.

Magníficamente acompañado por Los Trogloditas, Loquillo parece capaz de llevar el rock a los casinos sin perder totalmente el espíritu callejero que le vio aparecer hace 10 años. Y con la misma habilidad con que se acaricia el cráneo ha conseguido un objetivo que puede ser motivo de pésame o de enhorabuena: ser una estrella del rock and roll.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de mayo de 1990