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Tribuna:

Pis

Los niños norteamericanos pueden dejar de hacerse pis en la cama a partir de ahora mismo. Unos laboratorios farmacéuticos han lanzado al mercado, con el beneplácito de las autoridades estadounidenses, un fulminante pulverizador que, aplicado al tierno hocico de la criatura, sella el grifo de la orina momentos antes de entregarse al sueño.¿No es esto maravilloso? ¿No anhela la humanidad extinguir la maloliente especie de los meones nocturnos?

Ya lo tenemos con el pulverizador. Con el pulverizador en el morro también se seca el diván del psicoanalista que, detrás de cada incontinente, reconoce a un potencial neurótico en conflicto con el mundo adulto.

El mercado mingitorio en EE UU es prometedor. Afecta a cerca de tres millones de infantes bien hidratados, y el portentoso pulverizador se vende al precio de 67 dólares. Cada bote suministra 25 dosis de fumigación. Por sólo 300 pesetas al cambio cada noche, las mismas sábanas permanecerán fimpias toda la semana.

Según los fabricantes, el producto proporciona al usuario una hormona de la que adolece el 90% de los casos que sufren enuresis crónica. Al penetrar la droga por vía nasal detiene cualquier goteo.

Muchos ciudadanos norteamericanos han acogido el invento con semejante júbilo, que la emoción les aflojó el esfinter; y tanta iba a ser su alegría, que se orinaron encima.

Pero no hay que cantar victoria antes de tiempo silenciando,los efectos secundarios del aerosol, pues a un 2% de los pacientes el medícamento les produce bien sea un fuerte dolor de cabeza o, lo que es peor, una alarmante hinchazón de las narices. A modo de compuertas de un embalse rebosan éstas otros fluidos originados quién sabe dónde. Sin embargo, algún nuevo acetato hormonal garantizará muy pronto la cauterización hermética de los restantes orificios del organismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de diciembre de 1989