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La necesidad de la crítica

La sensibilidad de Mariscal está presente en cada pieza -realizadas materialmente por un equipo de tres personas del taller Promac-, pero no evidencian el look mariscaliano como el resto de su producción. Mariscal no sabe si esto es arte o no, desde luego no es diseño: "En cualquier caso no pretendo hacer nada genial y trágico, no entiendo esta seriedad de algunos pintores que conozco muy de cerca que dicen: 'Hemos escrito una nueva página en la historia del arte contemporáneo". Le duele sin embargo que su obra no esté todavía considerada dentro del circuito artístico: "Pero significa que aún estoy vivo y hago cosas distintas", y está convencido de que los indiferentes tendrán que pasar finalmente por el tubo "y si no, me da igual, me dedicaré a hacer de jardinero hasta que se entienda que mi trabajo es una propuesta artística global", agrega. Con esta exposición propositiva, Mariscal, al borde de los 40 años, reclama una mayor comunicación con su público y se queja de que hasta ahora no ha recibido críticas a su trabajo, tan sólo reportajes, anécdotas y ecos sociales. Parafraseando a García Márquez, Mariscal no tiene quien le critique.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de noviembre de 1989