Clavarse una aguja
El pasado miércoles, día 18 de octubre, mi tía tuvo la desgracia de clavarse una aguja en una mano con una profundidad considerable, hasta tal punto, que después de muchas intentonas por parte de su médico de cabecera para extraerla tuvo que mandarla con un volante al hospital más cercano, que se encuentra a 50 kilómetros de mi pueblo.Aproximadamente a las ocho de la tarde nos encontrábamos ya en el servicio de urgencias y preguntamos al celador por el traumatólogo. Cuál fue nuestra sorpresa cuando dicho señor nos dio la noticia de que el especialista no se encontraba allí y que volvería sobre las diez. Muy educadamente le preguntamos que dónde se encontraba, y él, con aire de malestar, dijo no saberlo.
No alarmados, pero sí extrañados por la ausencia de dicho señor en un servicio de urgencias que puede abarcar más o menos a una veintena de pueblos, empezamos la preocupada espera. A medida que pasaba el tiempo, los asientos de aquella fría e incómoda sala se iban ocupando con rostros desagradables: uno de los pacientes sangraba por un ojo, otro había tenido un accidente de tráfico, etcétera. El refranero de "piensa mal y acertarás" se iba apoderando de nuestras mentes, y nos preguntábamos: ¿en verdad es más importante un partido de fútbol, por mucha rivalidad que tenga (Milán-Real Madrid), que la vida de cualquier persona?
Hasta las once de la noche no fue recibida, y además de mal humor, ya que le dijo que cuando la herida se infectase la aguja saldría sola, y de no ser así, pasados unos días volviera para intervenir quirúrgicamente y que habría que dormirla del todo. Todos sabemos el peligro de una aguja dentro del cuerpo, debido a la facilidad de movimiento y hasta dónde podría llegar.
Al día siguiente nos desplazamos a 100 kilómetros, a otro hospital, donde el médico tardó media hora en extraerla sin ningún tipo de problemas.-
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