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ECOLOGÍA

La reaparición del agujero de ozono era esperada, según científicos españoles en la Antártida

Las bajas temperaturas y los intensos vientos que están produciéndose durante esta primavera antártica (otoño en el hemisferio norte) han influido en la dramática reaparición sobre el Polo Sur del llamado agujero de ozono, un adelgazamiento de la capa de este gas que rodea la Tierra. Los valores de ozono medidos recientemente por el satélite Nimbus 7, que han alarmado a los científicos, eran esperados, según declaró ayer a este periódico Javier Cacho, uno de los científicos del Instituto Nacional de Técnicas Aeroespaciales (INTA) que se encuentran en la base antártica argentina de Marambio.

Lo que ha alarmado a los científicos que todos los años vigilan la aparición del agujero de ozono al iniciarse la primavera austral, es el elevado ritmo de desaparición del ozono en la estratosfera. "El agujero que se ha empezado a detectar ahora es una repetición del que se produce con distinta intensidad todos los años, y nos tenemos que habituar a él mientras sigan emitiéndose a la atmósfera los gases clorofluorocarbonos que lo producen", comentó ayer Javier Cacho desde la base Marambio en la Antártida, donde se encuentra desde el 10 de septiembre para realizar medidas relacionadas con el ozono. La base, que cuenta con una dotación de 30 personas, disfrutaba ayer de una temperatura primaveral de cero grados centígrados, muy superior a la de días pasados.La base no queda todavía bajo el agujero detectado por el Nimbus 7 pero Cacho espera que éste se extienda hasta esta zona dentro de una o dos semanas. Él y su compañero Juan Antonio Fontán prentenden este año medir las fluctuaciones de dióxido de nitrógeno, relacionado directamente con la desaparición del ozono, dentro y fuera del vértice polar, zona donde se produce el agujero.

Manuel Gil, compañero de Cacho en el Grupo Atmósfera del INTA cree, como él, que la reaparición del adelgazamiento era esperada, aunque algunos modelos matemáticos estadounidenses señalaban que no se repetiría hasta 1990. Por motivos físicos todavía no explicados totalmente por los científicos, la capa de ozono disminuye sensiblemente todos los años impares. Estas oscilaciones vienen generadas por una climatología que cambia cada dos años en la Antártida.

"Cuando se habla de nuevo agujero de ozono", comenta Gil, "habría que explicar que no es nuevo en el sentido de la primera vez que se produce, sino que, debido a factores climatológicos, junto con la concentración de agentes contaminantes, la capa de ozono se ve más o menos afectada. Curiosamente, su disminución se da en los años impares, restableciéndose en los años pares".

El mayor agujero detectado hasta ahora se produjo en 1987. El valor del ozono descendió hasta 109 unidades Dobson (cantidad de ozono sobre un centímetro cuadrado de superficie terrestre), en el punto más crítico, cuando lo normal es que haya 350. El espesor actualmente detectado por el Nimbus 7 es de 150 Dobson.

En sólo dos semanas

La velocidad con la que está creciendo es lo que ha alarmado a los científicos estadounidenses ya que ha disminuido de 300 a 150 en tan sólo dos semanas. Al iniciarse la entrada de radiación solar en primavera, después de un invierno oscuro, es cuando se producen las reacciones que dan lugar al agujero.Cacho no cree que se superen los niveles minímos de ozono detectados en 1987, ya que "resulta difícil que se destruya todavía más la capa de ozono de lo que se destruyó ese año". Los científicos españoles estarán en la base hasta que se cierre el agujero, probablemente a mediados de noviembre. "Si es muy intenso, como parece ser este año, puede cerrarse unos días más tarde pero es muy improbable que abarque una zona mayor que otros años porque el vértice polar lo limita".

Este año se espera que las temperaturas en la Antártida desciendan por debajo de los -85 grados centígrados. El frío es otro factor que acrecienta el riesgo del deterioro de la capa de ozono.

En estas fechas, la Antártida está barrida por grandes vientos o borrascas que impiden la renovación del ozono al paralizar la entrada del generado en las zonas ecuatoriales del planeta, gracias al efecto de la luz. Esta situación agrava las ya peligrosas reacciones químicas de los elementos clorofluorocarbonados (CFC) en una situación normalizada.

Acuerdo de protección

Hace dos años, 40 países firmaron el protocolo de Montreal que propone la reducción en un 50% de la fabricación global de los clorofluorocarbonos para el año 2000.[Ante esta nueva disminución del ozono en la Antártida, Hassan Bendahamane, asesor de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, ha señalado en Madrid que pedirá la prohibición total de la producción de clorofluorocarbonos en la reunión que se celebrará el próximo mes de noviembre en Ginebra para revisar el protocolo, informa Efe.]

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de septiembre de 1989