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Tribuna:

Guerra

No acabo de entenderlo. Es la guerra, dicen ellos: todos esos personajes que, batasuneros o no, tan vasta y profunda comprensión parecen albergar por los crímenes de ETA. Es la guerra, repiten, ensimismados en sus ardores épicos: tina guerra de liberación contra un Estado invasor, el español. Y todo en ellos tiene un lustre marcial, desde el culto que profesan a las armas hasta el apellido militar, de la organización.Es la guerra, dicen, y por eso la sangre vertida carece Ll- importan que su lo que siempre se argumenta en todas las malditas guerras de este mundo. ¿La matanza de una decena de guardias veinteañeros?

Justas bajas del enemigo en la trinchera. ¿Yoyes? La ejecución ordenancista y rutinaria de un desertor.

¿Los asesinatos por error, los niños descuartizados por las bombas? Gajes del combate: en las guerras siempre mueren civiles, y en buen general, como un buen torero), no se mira las manchas de sangre de la ropa.

,Ahora bien, cuando una parte del "ejército" etarra cae en una emboscada del enemigo, y nada más habitual en una cochina guerra que una escaramuza de este tipo, entonces los batasumeros y demás soldados de la patria vasca se mesan los escrúpulos y vociferan que esto es inadmisible en un Estado de derecho. Y ahí es donde me pierdo: ¿Estado de derecho, dicen? ¿Pero, no estábamos en guerra? ¿O es que el campo de batalla sólo pasa por los niños reventados, por los guardias civiles mutilados, por las mujeres muertas? Preguntar cómo y por qué las Fuerzas de Orden Público han matado en un tiroteo a dos personas, la preocupación por el cumplimiento de las leyes, pueden y deben tenerla, entre otros, esos jueces y fiscales a los que los etarras amenazan. Pero toda esa soldadesca de Fieros amantes de las balas se está saliendo, con sus gritos de protesta, de su propia película. Que acaben con su horrendo Filme de hazañas bélicas o que se callen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de septiembre de 1989