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La acrobacia de cuadrar los balances

El 14 de julio, el Banco de España, actuando en sincronía con el Ministerio económico, anunció a los bancos que deberían limitar el crecimiento del crédito en 1989 a un 17% sobre las cifras de 1988. La medida, cuando menos, ocasionó sorpresa. El Banco de España no registra en su tradición reciente la contingentación del crédito por volúmenes, sino que se ocupó en el pasado de regular la demanda de crédito mediante incrementos en los tipos de interés, aprovechando el valor disuasorio del crédito caro.Pero los datos del primer semestre de este año, que reflejaron un incremento del crédito sobre 1988 del 22%, alarmaron a las autoridades económicas, conscientes de que la economía viraba al rojo. "Entramos en una situación en la cual el precio del dinero tenía poca influencia por lo goloso de algunos negocios, como es el caso de la adquisición de ininuebles", señaló un analista del sector. Los banqueros, con una cuota de suspicacia, creen ver en la medida una confirmación de que se anticiparán las elecciones y que en un año electoral es bueno que el votante potencial vea a un Gobiernó socialista atenazando los beneficios de los bancos. Es una realidad que las restricciones afectarán en el segundo semestre a los balances bancarios, que de otra forma habrían sido de los más boyantes en años.

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La medida ocasionó reacciones dispares, pero en general los banqueros, incluido el presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), Rafael Termes, admitieron que la decisión tendría el efecto de reducir el crédito, aunque Termes matizó que no sabía si eso reduciría el consumo. Es que en el centro del problema, para Economía, lo que hay es un temor al fuerte consumo al que se han precipitado los españoles en medio de una bonanza económica que puede tener patas cortas.

Así las cosas, el banco emisor estableció que el crédito no puede crecer más de un 17% sobre 1988, mientras que en el primer semestre lo hizo al ritmo del 22%, y que no deberá crecer más de entre el 3% y el 8% en el segundo semestre sobre el primer semestre. La medida da una ventaja comparativa a los que más crecieron en el primer semestre, puesto que el terreno arado ya está conquistado. Los que aspiraban a remontar la corriente en el segundo trimestre deberán dejar sus ambiciones para más adelante. Los bancos obtienen su beneficio, en parte, de la gestión de los depósitos de sus clientes. El destino fundamental de esos depósitos es ser prestados a otros clientes bajo la forma de crédito.

Atraer depósitos

La diferencia entre lo que se paga por los depósitos y lo que se cobra por los créditos es la base del negocio bancario. De ahí que una fuerte expansión del crédito obligue a atraer depósitos; entre otras formas, dándoles una mejor remuneración. La decisión de restringir crédito puede llevar a algunos bancos a encontrarse con un volumen de depósitos indeseado, ya que carece de destino como inversión bancaria y, no obstante ello, genera gastos de gestión o, simple y llanamente, devenga intereses que hay que pagar a pérdida.

Los analistas bancarios consideran que el crédito al consumo decaerá con fuerza, lo que afectará a las cajas de ahorro en primer lugar y a los bancos en segundo lugar. Sin embargo, como es habitual, las grandes empresas podrán seguir obteniendo financiación. Para lograr eso, en el segundo semestre de este año uno de los mercados más boyantes será el de pagarés de empresas.

El pagaré es una suerte de letra sofisticada que consiste en la promesa de pagar en un plazo futuro una suma de dinero, y que se adquiere con un descuento sobre el dinero a percibir, que es el interés implícito en la operación.

Los grandes bancos españoles ya han advertido a las empresas necesitadas de financiación que deberán acudir a las emisiones de pagarés que el propio banco colocará entre sus clientes ávidos de invertir con rentabilidad. La ganancia de los bancos se centrará en las comisiones cobradas a las empresas por el aseguramiento de la colocación de los pagarés y las comisiones a los clientes por la oportunidad de negocio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de agosto de 1989