El Gobierno regional estudia la creación de un espacio protegido en la cuenca baja del río Manzanares

De la escombrera más inmunda a una de las mayores reservas de aves de la región, del paraje más desolador a los impresionantes cantiles y las riberas frondosas. Ésta es la confluencia de los ríos Jarama y Manzanares, una zona utilizada tradicionalmente como basurero y como cantera. Sus grandes secretos ecológicos han logrado sobrevivir a duras penas a la acción humana. La Comunidad de Madrid estudia una propuesta para crear aquí un espacio protegido de más de 10.000 hectáreas. Las asociaciones ecologistas piden medidas urgentes para convertir la zona en el pulmón verde del sur de Madrid.

En el Soto de la Iglesia, una finca encajonada entre los ríos Jarama y Manzanares, los álamos alcanzan los 40 metros de altura. De cenas de milanos, halcones y cigüeñas revolotean en los riscos, que recuerdan de lejos el cañón del Colorado. Las manchas azules de las lagunas del Porcal completan un panorama sorprendentemente verde, lo último que se podía imaginar en el árido sur de Madrid.Hasta allí llega el olor inconfundible de los quemaderos de neumáticos, una verdadera plaga en la zona. A poco más de un kilómetro, los camiones de la basura vomitan su carga diaria en el vertedero de Valdemingómez, las chabolas ¡legales dan un aspecto tercermundista a la cañada real Galiana y las montañas de escombros crecen imparablemente por doquier sin que nadie les ponga coto.

Tierra de contrastes. La cuenca baja del río Manzanares, una de las zonas más fértiles del entorno de Madrid, ha caído secularmente en manos del olvido: el antiguo vertedero de Madrid lleva diez años esperando su regeneración, las montañas del basurero de Valdemingómez crecen a un ritmo vertiginoso y la escombrera de Perales del Río (Getafe) -de la misma extensión que el parque del Retiro- sigue siendo utilizada ilegalmente por cientos de camiones.

Visto bueno inicial

La Comunidad de Madrid trabaja actualmente en la revisión de las directrices de suelo en la zona (la tercera en los últimos años) y baraja la posibilidad de crear un parque regional. El estudio que ha dado pie a esta propuesta ha sido realizado recientemente por la empresa Epypsa.

El citado informe destaca los efectos negativos de la acción humana (explotación de canteras, vertidos diversos, ocupaciones ilegales) y propone una serie de intervenciones que cuentan con el visto bueno inicial de la Consejería de Política Territorial y de la Agencia de Medio Ambiente.

La propuesta diferencia claramente dos áreas. La primera, en los términos municipales de Madrid y Getafe, estaría destinada a un amplio parque metropolitano que llegaría desde los lindes de Vallecas hasta el cerro de Los Ángeles.

El carril de remo olímpico del Manzanares, un campo público de golf y varias zonas recreativas figuran entre los proyectos para este primer anillo verde, que ocuparía una amplia extensión entre las carreteras de Valencia y de Andalucía.

La segunda zona comprende los municipios de Velilla de San Antonio, Arganda, Rivas Vaciamadrid, Getafe y San Martín de la Vega. Aquí se encuentran los parajes de mayor valor ecológico: la fértil península entre los ríos Manzanares y Jarama -donde se han llegado a contar hasta 150 especies de aves-, los sorprendentes bosques de galería, los cantiles recortados y el conjunto de graveras inundadas de agua -El Porcal, El Campillo y Velilla de San Antonio que se pretende recuperar para su uso recreativo.

El bajo Manzanares figura también en una reciente propuesta de las asociaciones ecologistas Comaden, Coda y Aedenat para la creación de cinco espacios naturales en la región de Madrid. Este proyecto estira los límites del futuro parque regional hasta los términos municipales de Pinto y Valdemoro.

El 'pulmón' del sur

Según Santiago Martín Barajas, portavoz de los ecologistas, "la regeneración de la zona choca con el escaso suelo público entre las carreteras de Valencia y Andalucía". "La única solución", añade, "es expropiar las parcelas más interesantes y permutarlas por otras en una zona con reserva de suelo. También es necesario un mayor control sobre las extracciones de grava".

Martín Barajas destaca el "interés social" de la propuesta. "Se trata de crear el pulmón verde que les falta a los habitantes del sur, aprovechando precisamente un área muy fértil que fue elegida por los primeros pobladores de Madrid". En su opinión, "el alto interés ecológico y las posibilidades de regeneración de las zonas deterioradas justifican la creación de un espacio natural".

De momento, el Gobierno regional ha puesto este año la primera piedra. Los 1.500 mifiones de pesetas de la llamada operación sur servirán para acometer la reforestación de las riberas del Manzanares y del Jarama, recuperar varias graveras para su uso recreativo y crear dos parques metropolitanos en la zona.

La operación sur fue una de las condiciones que puso el grupo parlamentario de Izquierda Unida (IU) para apoyar los presupuestos de este año. Pedro Díez, diputado regional de IU y alcalde de Arganda, ha anunciado que su grupo presentarán en septiembre en la Asamblea de Madrid una proposición para crear varios espacios protegidos en la región, con una atención especial al Manzanares y al Jarama.

Un mosaico de sorpresas

El sureste de Madrid es un mosaico de sorpresas inexploradas. Se trata sin duda de la zona más desconocida por los madrileños, atravesada por contandísimas carreteras que ofrecen una aspecto desolador.El visitante intrépido que se atreva a surcar las polvorientas pistas de tierra puede encontrarse con cualquier cosa: desde unas curiosas ruinas romanas conocidas como la villa de Iván Crispín (no está claro el origen del nombre) hasta el palacio de Gózquez de Arriba, en San Martín de la Vega, edificado en el siglo XVII al pie de un pequeño pantano y en medio de un sorprendente vergel donde anida todo tipo de aves.

La surtida colección de imprevistos va de extremo a extremo: restos de una pequeña fortificación íbera junto a trincheras de la Guerra Civil, escombreras piratas sepultando lugares que ocultan restos arqueológicos del neolítico, una laguna lechosa de vertidos químicos cercando la arboleda del cerro de Los Ángeles, la fábrica de armamento de La Marañosa al lado de una de las más ricas reservas de aves de Madrid...

Cernícalo primilla

Más sorpresas: la iglesia barroca de Perales del Río donde anida una especie muy singular, el cernícalo primilla; los caserones abandonados, a modo de cortijos, que se lenvantan en medio del campo como imágenes fantasmales; los toros bravos abrevando junto al canal histórico del río Manzanares; los densos pinares, como La Marañosa y Casa Eulogio, que brotan milagrosamente en medio de los secarrales...

Parajes inhóspitos en donde es difícil encontrar un alma, si acaso a los areneros que siguen acreditando esta zona como la cantera de Madrid y amenazan con dejarla como un queso gruyere.

En un par de años se incoporará un convidado de piedra, el tren de alta velocidad Madrid-Sevilla, que surcará como una bala los páramos más secos de este desconocido y sorprendente rincón metropolitano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 23 de julio de 1989.