FERIA DE SANTANDER

Toreros de ¡ay, ay, ay!

ÁNGEL CEBRIÁN El clamor popular se inclina generalmente, en las ferias, hacia los toreros de ¡ay, ay, ay! Por eso, éstos, entre sustos y desplantes, entre gestos y ademanes, obtienen incluso trofeos. Fue el caso de Rafael de la Viña.

También, casi, el de Espartaco, sobre todo toreando a su primero tan despegado como le daba de sí el brazo. Pues mientras que citaba de muleta en la plaza de Cuatro Caminos al toro, éste acababa en Pedreña, tras el remate. No fue sólo una vez, sino varias, y a pocos llamó la atención puesto que también en Santander gustan, y un montón, los circulares, y si es con sonrisa, tras el remate del de pecho, entonces la plaza se viene abajo.

Con los toros de Joaquín Buendía el tercio de varas estaba de más, pues con pies salían, cierto, para de seguido desinflarse al ver el peto. Los hubo con nobleza, pero todos con las fuerzas tan justitas como para aguantar a duras penas la lidia.

Buendía / Robles, Espartaco, Viña

Toros de Joaquín Buendía, terciados, nobles, justos de fuerza y sospechosos de afeitado. JulioRobles: estocada trasera desprendida y descabello (fuerte ovación y salida al tercio); pinchazo y estocada travesada que asoma (vuelta). Espartaco: estocada trasera tendida y descabello (oreja); estocada pasada (dos orejas). Rafael de la Viña: bajonazo (oreja); pinchazo y estocada pasada (palmas). Plaza de Santander, 20 de julio. Segunda corrida de feria.

Como Julio Robles no es torero de ¡ay, ay, ay!, sino que torea con la majestuosidad del arte verdadero, se hace poco llamativo al gran público de feria, aunque realice, como ayer, lo más torero de la tarde, y también lo más feo al atravesar con la espada a su segundo. Impecable, sin embargo, su toreo de verónica: excelente de temple, empapando la embestida y marcando el compás con auténtico deleite.

Muleteo selecto

A destacar fue eso ante el cuarto, un cárdeno cuajadillo que blandeó nada más ver el caballo. Aplicó Robles muleteo selecto: suavidad en el derechazo, trayéndoselo impecable y ceñido. Dos naturales largos le quedaron pintureros. Con su primero dibujó el trincherazo, en ocasiones de cartel, y de eso se habla hoy en Santander.

Gustó Espartaco a la concurrencia ante el noble quinto, carretón auténtico, y desgranó naturales, juntas las zapatillas y de frente, en este caso sin la fea separación del toro, como hiciera ante su primero. A pesar de todo, y a lo largo de la tarde, metió pico, descargó la suerte y todo eclipsado quedó por su arrolladora simpatía para con el tendido.

Rafael de la Viña, descentrado y eléctrico en ocasiones, bailó las zapatillas ofreciendo un pseudotoreo entre tremendista y bullangero, que proporcionó más de un íay, ay, ay! en el tendido, dando identidad de su quehacer a una plaza que, como en la corrida inaugural de la feria el pasado miércoles, volvió a estar abarrotada de público.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0020, 20 de julio de 1989.