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Faltó seriedad

Ni el Gobierno ni la oposición contribuyeron a dar seriedad a un proceso electoral que podría haber fortalecido un poco a todos. El reformismo del oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI) alcanzó para que no se forzase una victoria avasalladora, pero no fue suficiente para permitir una disputa en igualdad de condiciones. Por su parte, la oposición se precipitó de nuevo a denunciar el fraude antes de tiempo y sin los argumentos suficientes.La intervención de la maquinaria oficial en los Estados de Michoacán y Baja California ha sido escandalosa.

La oposición ha cometido el pecado de desvirtuar el proceso. No vale ningún recultado que no me dé la victoria. Éste ha sido el mensaje del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del Partido de Acción Nacional (PAN).

Entre las irregularidades y la descalificación se llegó a una situación en la que el resultado real de los comicios no servía para nada. Lo importante debía ser la voluntad política. El resultado no lo dan las urnas, sino la decisión del presidente Carlos Salinas, quien debía decidir si perder o ganar. Hasta la proclamación de los resultados tiene tiempo para decidirlo.

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