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Crítica:SAN ISIDRO 1989 / 'POP'

La bella entre las bestias

La bella entre las dos bestias Mercedes Ferrer, muy motivada y sensual, derrochó carisma en el primer concierto pop de las fiestas de San Isidro, actuando inmediatamente después del Iggy Pop español, Ángel Aitor Aguirre, y antes de los todopoderosos Ilegales. Una dura prueba para una cantautora que, sin banda fija, parece condenada a que sus conciertos sean, para bien o para mal, impredecibles.Creciéndose ante la adversidad de un sonido infame, con problemas constantes de monitorado, ofreció una espléndida actuación. Partiendo de un repertorio serio y muy trabajado y del poder de su voz, esta madrileña que cumplirá 27 años el próximo día 30 consiguió lo que al comienzo de su actuación parecía imposible: caldear el ambiente y conectar con un público que se resiste a aceptar unas canciones que se salen de las estructuras simplistas del pop-rock actual. Un firme paso adelante en la solidificación de su carrera.

Ángel y las Guais, Mercedes Ferrer e Ilegales

Pabellón de Deportes del Real Madrid. Día 13 de mayo. Fiestas de San Isidro.

Ilegales, por el contrario, ofrecieron un sonido que rozaba la perfección, con un equipo distinto al que utilizaron sus predecesores. Una diferencia abismal que ridiculizó, por volumen y nitidez, a las anteriores bandas. Duros, rasposos y con sus habituales ritmos sincopados, los asturianos no defraudaron a sus abundantes seguidores, no demasiado exigentes a la hora de pedir novedades en formas o contenidos.

Sin fisuras

El grupo de Jorge Martínez suena como un auténtico bloque, cualidad que resalta las canciones y facilita el contacto con los oyentes, noqueados por el derroche de vatios. Un espectáculo visualmente sobrio, pero muy profesional, que, olvidando la escasa originalidad de los temas, alcanza un nivel que ya quisieran para sí muchas bandas norteamericanas o británicas de supuesto lujo.Ángel y las Guais se mueven en músicas y estéticas demasiado arduas para los tiempos y modas que corren. Un hombre-espectáculo, unos músicos mediocres y un grupo de teatro que apoya coreográficamente un repertorio inspirado con descaro en La Iguana de Detroit, The Stooges y el más duro estilo de la Ciudad del Motor. Una banda ideal para pequeños locales que se pierde ante multitudes heterogéneas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de mayo de 1989