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Un muerto en Chile en una huelga general marcada por decenas de bombas

La huelga general convocada el pasado martes por la Central Unitaria ole Trabajadores (CUT) se saldó con un muerto, seis heridos (dos de ellos graves), 138 detenidos y una noche de rebelión callejera, en medio ole un apagón de luz que afectó a las tres cuartas partes del país y del estallido de decenas de bombas en los barrios periféricos de la capital, Santiago.

El presidente adjunto de la CUT, Diego Olivares, calificó como importante una huelga general que tuvo poco de tal y mucho de protesta en las barriadas periféricas de la capital, en una noche en las que los militantes izquierdistas de las poblaciones (barrios marginales), que son conducidos por los comunistas, dieron una demostración de fuerza más que de resplado.La víctima fatal fue muerta en un enfrentamiento nocturno cuando, según la policía, se disponía a colocar bombas en torres de alta tensión en la capital. Un agente de seguridad y un presunto extremista resultaron heridos graves. Dos personas más fueron heridas de bala. Santiago presentaba por la noche un aspecto desolado, con los comercios cerrados y casi sin tránsito. La policía, que se mantenía a la expectativa, se limitaba a realizar patrullajes en al menos tres helicópteros y vehículos antidisturbios y no se veía presencia militar.

A las 21,00, hora prevista por la CUT para protestar con ruidos de cacerolas, pocos lo hicieron. A diferencia de otras protestas, la mayoría de la población permaneció silenciosa y atemorizada en sus casas. El ruido previsto fue reemplazado por el estallido intermitente de decenas de bombas de poca potencia en todos los barrios. El sonido de las explosiones, que se prolongó hasta la madrugada, el resplandor de las cadenas arrojadas contra el tendido eléctrico, que provocaban cortes parciales de luz, la humareda negra de los neumáticos encendidos como barricadas y los reflectores de los helicópteros iluminando sectores periféricos, formaron un cuadro pocas veces visto en Santiago.

A las 21.14 horas, y a lo largo de 1.800 kilómetros, el país quedó sin luz, después de que 40 torres de alta tensión fueran derribadas en atentados que se atribuyó el grupo guerrillero izquierdista Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). Después del apagón, la policía salió a reprimir la protesta, arrojando gases lacrimógenos desde los helicópteros, y carros blidandos. Durante la noche se oyeron numerosos disparos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de abril de 1989