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Misión imposible

Tulios/M. de Jaén, Vera,Galindo

Toros de Isaías y Tulio Vázquez, con trapío y fuerza, deslucidos. Morenito de Jaén: silencio en los dos. Juan Carlos Vera: silencio en los dos. Raúl Galindo: silencio, pa Imas. Madrid, 16 de abril

La segunda edición de las denominadas corridas de la oportunidad fue más deslucida y soporífera que la primera, celebrada el sábado. La culpa hay que achacarla, además de al gélido ventarrón, al pésimo juego de los toros que se lidiaron. Triunfar con ellos era misión imposible.

La otrora prestigiosa divisa de Isaías y Tulio Vazquez padece el mal plúmbeo en sus productos, que en nada se asemejan a sus antepasados, unos con casta y otros terroríficos, pero que casi siempre daban espectáculo. Los boyancones carifoscos lidiados ayer, aplomados y con un peligro sordo, sólo habían heredado en sus genes la fuerza de sus ascendientes.

El único espectáculo lo propiciaron en sus desiguales peleas en varas, con los continuos derribos a los jamelgos y sus hulanos. Pero intentar que crepitase el arte ante ellos era mucho más que un milagro.

Montón de abrazos

Los desesperanzados diestros, que se repartieron un montón de abrazos en las ceremonias de confinnación de alternativa de Morenito de Jaén y Galindo, de seguro que se quejaron con amarga inquina de los toros que les cayeron en desgracia. En tan adusta tarde, con la tragedia barruntándose por doquier, salir del coso por su propio pie es un triunfo menor, del que pueden estar ufanos. Pero un triunfo que no les vale para nada.

Las faenas fueron casi fotocopias unas de otras, con pequeños matices personales de cada matador. Galindo, acusado en sus tiempos de novillero de ser un diestro frío de cuello y sin carisma, se dejó la prosopopeya y la capciosidad, y bullió valeroso y entregado. Hizo el reclinatorio y hasta puso banderillas. También fue el que más se acercó a la ortodoxia, en su labor ante el sexto, del que extrajo algún redondo cadencioso.

Juan Carlos Vera chaneló con rapidez a los funos y fue directamente a lo práctico, desempolvando viejas imágenes de tauromaquia antigua, con su macheteo de castigo y sometimiento. Morenito de Jaén, que recibió al que abrió plaza a porta gayola, pareció el menos centrado. No se acopló con éste, y en el cuart6, al que banderilleó sin especial lucimiento, le trapaceó con voluntad. Tampoco podía hacerse mucho más.

El triunfador de estas dos corridas, según un jurado de críticos taurinos, ha sido El Boni, al que se incluirá en la próxima feria de San Isidro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de abril de 1989

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