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Entrevista:

José Angel Valente, "al dios del lugar"

El escritor presenta hoy en Madrid su último libro de poemas

El poeta José Ángel Valente (Orense, 1929) presenta hoy su último libro, Al dios del lugar (Tusquets editores), en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Por otra parte, esta semana concluye las cinco lecciones de un curso que se dicta en la cátedra de Estética y Teoría de las Artes de la universidad Autónoma de Madrid. El autor, que recibió en 1988 el Premio Príncipe de Asturias de las Letras con Carmen Martín Gaite, inició su vida literaria en 1955, con su poemario A modo de esperanza, premio Adonais. Dentro de su extensa obra ganó dos veces el Premio de la Crítica -la primera, en 1960, con Poemas a Lázaro, y la segunda, en 1980, con Tres lecciones de tinieblas-. Por otra parte, la empresa catalana Ámbit Serveis Editorials anuncia que inaugurará en mayo una colección, Biblioteca Ámbít, con la publicación en 12 volúmenes, en gallego y castellano y en gallego y catalán, de la obra completa del autor de A modo de esperanza.

El nuevo libro de José Angel Valente, Al dios del lugar, será presentado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando por Antoni Marí, director de la colección Nuevos Textos Sagrado de Tusquets y catedrático de Estética y por el escritor Álvaro Valverde. Pregunta. ¿Por qué no ha regresado a España?Respuesta. Sí he regresado. He regresado a la España de la periferia, a la que pertenezco por nacimiento y por opción. Me interesa la España de los límites extremos, la que me deja ver con cierta distancia los centros de dependencia y poder.

P. Pero ¿ha regresado el último exiliado a España?

R. No hay una vara para medir eso, salvo la fatuidad propagandística. Yo he regresado a España procurando no ser víctima de una dependencia que no deseo.

P. ¿Se refiere usted a la de pendencia de las sinecuras diversas?

R. ¿A qué otras? La independencia es algo que hay que armar a costa del esfuerzo propio, generar medios de vida independientes. Pero es esa posición la que permite no engañarse ante el poder; por eso, para un creador, es mejor vivir en la periferia. El exilio es como una segunda naturaleza que yo he decidido retener.

P. ¿Cuál es el riesgo de la dependencia?

R. Servir como instrumento al poder. La creación exige como primera condición la libertad de criterio y de pensamiento, y no se puede vivir en esa esfera cuando se depende de la dádiva oficial. En definitiva, servir a una ideología es vivir solamente dentro del reino de lo posible. Un escritor tiene por misión rebasar, mediante la creación en forma permanente, la órbita de lo posible. Es el poder lo que determina la posibilidad. El que crea está siempre posibilitando la realización de lo imposible.

P. Sin embargo, hay hostilidad hacia la independencia, hacia el espíritu crítico.

R. En España se ha suscitado la curiosa manía de que quien critica se coloca en la posición de lo que se ha dado en denominar "antifranquismo residual". El poder parece no reconocer la necesidad de que se le hostigue desde la imaginación.

Moda y marginación

P. ¿Cree que hay algún vínculo entre esta moda y la marginación del lenguaje esencial del hombre?R. Todos los vínculos son obvios. O acaso la defensa del sueño tecnológico, la entronización de la opulencia material como fin supremo del hombre, no sume en la sombra lo que es esencial a la humanidad.

P. ¿Cuál es el antagonismo entre la lengua poética y dimensión tecnocrática y opulenta de la sociedad contemporánea?

R. En la sociedad actual, incluyo a España, el lenguaje se define cada vez más por su nivel de eficacia, por la relación óptima input-output. La ciencia parece haber perdido como destino la verdad, sustituyéndola por el principio de resultado... La tecnología desplaza la verdad. La imaginación creadora reacciona contra esos lenguajes y la creación vuelve a tener una función fuertemente ética por su mero proceso. Al desarrollarse como tal, como fórmula libre e independiente en su generación de algo nuevo, acusa a ver la futilidad de lo otro. Éste es el papel de la poesía frente a los lenguajes orientados al rendimiento.

P. Ya. Pero quien recurre a la memoria recurre al deseo, a cierta huella elemental que está en la raíz de la lengua poética.

R. Frente a la esfera tecnológica del mundo, el territorio de la creación es el de la memoria. Pero incluso la noción de memoria -un elemento inmerso en la pasión- ha degenerado. La memoria es, para la sociedad contemporánea, un inmenso contenedor. Si se quiere, la diferencia fundamental entre el contenedor y la memoria sigue existiendo en lo elemental, en la capacidad de la memoria.

P. ¿Y cómo vive la verborragia contemporánea?

R. Mal. Estamos aplastados por la presión del verbalismo instrumental. Mi búsqueda está en la economía del lenguaje; me he acercado a otras artes, a la pintura, a la arquitectura o a la música, en busca de las estéticas de la condensación, de la precisión de los lenguajes.

P. ¿Existe la palabra verdadera?

R. Preferiría hablar de la palabra instrumental, de aquella de la que nos apropiamos, y de la palabra que se apropia de nosotros. Una condición de la creación es la negación de la propiedad sobre la palabra. Así, el creador pertenece al lenguaje, del cual se convierte en instrumento. Novalis lo definió bien cuando dijo: "No es escritor quien usa el lenguaje, sino quien permite que el lenguaje hable en él". El lenguaje planteado sólo como expresión es un medio de presión.

P. Pero si el lenguaje no es unilateral, unidireccional, exige ser abierto, deshojado.

R. Es que el texto debe inscribirse en lo que bellamente describe el Zohar, en el centro de la tradición cabalística, cuando describe al rabí Simeón "en el momento de abrir el versículo". Esa noción de abrir la escritura es una estética. Para mí, topar con la cábala y su simbólica supuso, además de descubrir de alguna manera mi estirpe, poder leer de otra manera mi escritura anterior.

P. ¿Eso es una posición mística?

R. Sólo en la medida en que nos remite a una experiencia del lenguaje. De allí mi noción de autoridad del texto. La idea de una palabra qué se abre es el reconocimiento de que no hay totalitarismo en la lengua poética.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de abril de 1989