Crítica:CINECrítica
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Compromiso familiar

Un lugar en ninguna parte (Running on empty) está protagonizada por una familia que, perseguida por el FBI, vive en un perpetuo estado de alerta, condenada a mudar constantemente de domicilio. El pecado de juventud del ya maduro matrimonio consistió en colocar una bomba en un laboratorio de napal financiado por el Gobierno estadounidense durante la guerra del Vietnam. El calvario de su obligado nomadismo recae sobre sus hijos, que deben vivir una existencia alterada y con serios problemas para desarrollar lo que se considera una infancia normal.Su director, Sidney Lumet, cineasta que proviene de la televisión (medio donde alcanzó prestigio después de su experiencia teatral), que consiguió el éxito con su primera película, Doce hombres sin piedad (1957) y que tiene como más valorable título de su última etapa Veredict ofinal (1982), ha demostrado siempre gran facilidad para filmar en espacios cerrados y para utilizar con acierto el recurso del campocontracampo.

Un lugar en ninguna parte

Dirección: Sidney Lumet. Guión: Naoami Forner. Fotografía: Gerald Fisher. Música: Tony Mottola. Producción: Amy Robinson, Griffin Dunne. Estados Unidos, 1988. Intérpretes: Christine Lahti, River Phoenix, Judd Hirsch, Jonas Abry, Martha Plimpton, Ed Crowley, L. M. Kit Carson, Steven Hill, Augusta Dabney.Estreno en Madrid. Cine Madrid.

Virtudes que son lógica prolongación de sus orígenes y que vuelve a utilizar en Un lugar en ninguna parte, película donde están presentes otras de sus constantes: los abundantes diálogos que acompañan a sus personajes, a menudo enmarcados en un compromiso que les ata a su pasado, reflejo de cierta problemática social.

Director de actores

También destaca Lumet como director de actores, entre los que hay que citar, en el presente filme, al jovencísimo River Phoenix, que fue propuesto como secundario en la última edición de los premios oscars por su trabajo aquí como el hijo mayor de la familia protagonista, y cuyas anteriores apariciones en nuestras pantallas las realizó en Exploradores, La costa de los mosquitos, Cuenta conmigo y Espías sin identidad.Su personaje, sobre el que recae la mayor parte del interés de la trama, verá peligrar su futuro artístico y sentimental por las obligadas fugas familiares, y plantea un conflicto en su sacrificio y un dilema en su elección por permanecer unido a su familia o renunciar a ella. Base argumental sobre la que gira la narración, salpicada por la anécdota del conflicto social.

Pese a gozar de una factura técnica más que correcta, Lumet no consigue elevar la peripecia emotiva y tienta al espectador a protagonizar su propia huida, aunque un mínimo de interés por su desenlace y el trabajo de los actores, donde destaca el secundario Ed Crowley como el profesor de música, mantienen la paciencia hasta su término, cuyo final defrauda por la forma en que es expuesto.

En definitiva, se trata de un filme insulso, que desperdicia su bazas emotivas y cuya visión es totalmente prescindible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0009, 09 de abril de 1989.