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Tribuna:

En el nombre de Alá

Carta del 'ayatolá' Jomeini a Mijail Gorbachov

El imam Jomeini, líder de la revolución islámica iraní y máxima autoridad de la rama shií del mundo musulmán, ha enviado recientemente una carta al líder soviético, Mijail Gorbachov, en vísperas del viaje del ministro de Asuntos Exteriores de la URSS, Edvard Shevardnadze, a Teherán, que significó un estrechamiento de relaciones entre Irán y la URSS. El presente texto es una traducción del contenido completo de esa carta.

A Su Excelencia Mijail Gorbachov, presidente del Presidium de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.Con los mejores deseos de felicidad para Su Excelencia y el pueblo soviético.

Desde que usted asumió las responsabilidades de su cargo hemos tenido la impresión de que Su Excelencia a la hora de analizar los acontecimientos políticos mundiales, especialmente las cuestiones relativas a la Unión Soviética, ha propiciado una nueva era de valoración, transición y encuentro, sobre todo si se tiene en cuenta su valor y audacia a la hora de afrontar las realidades de este mundo, probablemente capaces de romper el equilibrio mundial de intereses. Por todo ello he creído necesario llamar su atención sobre los puntos siguientes.

Aunque es muy probable que sus nuevas actitudes y decisiones se vean limitadas a la resolución de disputas. partidistas así como a algunos de los problemas con los que se enfrenta el pueblo soviético, es merecedor de elogio el coraje que ha puesto de manifiesto en la revisión de una escuela de pensamiento que ha aprisionado durante varios años a las juventudes revolucionarias del mundo con corsé de hierro. Pero si es capaz de pensar más allá de esas fronteras, la primera cuestión que indudablemente le ayudará a conseguir sus metas con éxito será proceder a la revisión de las políticas adoptadas por sus predecesores en lo referente a la potenciación del ateísmo y de la falta de religiosidad, lo que ha arrojado sobre el pueblo soviético el más devastador de los males. Quiero asegurarle que ésta es la única fórmula gracias a la cual podrá abordar con realismo los problemas de este mundo.

Problemas del socialismo

Es posible que las políticas y prácticas inadecuadas de la anterior dirección comunista en el campo de la economía soviética hayan ayudado a que el mundo occidental parezca más atractivo, pero la razón profunda de esto está en otra parte. Si quiere poner fin a las calamidades económicas del socialismo y del comunismo mediante el único recurso de orientarse hacia el corazón del capitalismo occidental, no sólo no será capaz de aliviar los sufrimientos de la sociedad soviética, sino que servirá de reclamo a otros para reproducir los errores que usted cometa, puesto que si el marxismo ha llegado a un punto muerto en los aspectos económicos y sociales, Occidente también se ha visto implicado en los mismos problemas, con el solo matiz de ofrecer otra variación, al igual que ocurre en otros casos.

Excelencia: debemos someternos a la verdad. El principal problema de su país no tiene sus raíces en la propiedad privada, la economía o las libertades. Su problema tiene su origen, en efecto, en la, ausencia de una creencia real en Dios, es decir, el mismo problema que ha arrastrado a Occidente a la decadencia y al estancamiento. Su principal problema reside en la persistente y vana lucha contra Dios, que es la raíz real del Ser y de la Creación.

Excelencia: resulta meridianamente claro para todos que a partir de ahora habría que buscar el comunismo en los museos de la historia política mundial, ya que el Marxismo no puede dar respuesta a las necesidades reales e los seres humanos. Se trata de una escuela de pensamiento materialista, pero a fuerza de materialismo no es posible conseguir salvar a la humanidad de la crisis que supone la falta de creencias espirituales, lo que a su vez constituye el dolor más agudo y penetrante que padecen las sociedades tanto orientales como occidentales.

Excelencia: es posible que en algunos aspectos, por convencionalismo, no haya dado la espalda al marxismo, e incluso que en el futuro pueda proclamar en declaraciones públicas su firme creencia en tal filosofía. Sin embargo usted debe ser consciente de que las cosas son diferentes en la realidad.

Los líderes chinos infligieron el primier golpe al comunismo. Pero ha sido usted quien ha dirigido el segundo y, previsiblemente, el último. En la actualidad podemos contemplar diferentes versiones del comunismo a lo largo y a lo ancho del mundo.

No obstante, apelo sinceramente a usted para que no permanezca atrapado en la prisión del Occidente y Archisatán, al tiempo que rompe el telón de acero del idealismo marxista.

Espero que pueda tener el privilegio de acabar con los últimos residuos de los 70 años de perversidad del mundo comunista, tanto en los capítulos de la historia como en su propio país.

Incluso en la actualidad, Gobiernos, considerados aliados suyos, ansiosos de asegurar los intereses de sus pueblos y de sus tierras, nunca podrán convencerse a sí mismos de que el despilfarro de recursos básicos de sus países sirva como prueba de la validez del comunismo. Los indicios de fracaso de estas actitudes han sido ya percibidos por quienes las propusieron.

Excelencia: después de 70 años puede escucharse la llamada a la oración Alá-o-Akbar (Dios está por encima de todas las cosas), que da testimonio de la misión profética del Sello de los Profetas (que Alá le bendiga, a él y a sus descendientes), lanzada desde los minaretes o en las mezquitas de algunas de las Repúblicas Soviéticas, y que hace llorar a todos los seguidores del genuino Islam de Mahoma (que Alá le bendiga, a él y a sus descendientes). He creído necesario mencionárselo para que una vez más usted pueda pensar en las perspectivas materiales y divinas del mundo.

Los materialistas sostienen que los sentidos son el criterio de reconocimiento de la realidad, y que nada más allá de los sentidos puede pertenecer al dominio del conocimiento. Asimismo, consideran la existencia como equivalente del ser material, puesto que todo aquello que está desprovisto de materia es considerado como no existente. Consideran, naturalmente, como algo totalmente mítico, por tanto, el mundo de lo invisible, el mundo de la existencia del Altísimo, de la Divina Revelación, de la Misión Profética y la Resurrección.

Pero la base del conocimiento desde un punto de vista divino está compuesta de sentido y razón; y todo lo que es racional entra dentro de la esfera del conocimiento, aunque del conocimiento no sensorial.

El glorioso Corán desaprueba los fundamentos del punto de vista materialista del mundo, así como que aquellos que no creen en la existencia de Dios puedan, por otra parte, llegar a su presencia. O según las divinas palabras: "no creeremos en ti hasta que veamos a Dios claramente" (II.55). Y añade: "la vista no Le alcanza, pero Él sí que alcanza a la vista. El es el Sutil, el Bien Informado" (VI.103). Podemos actuar temporalmente sin los argumentos presentados por el sagrado Corán con respecto a la Divina Revelación, la Misión Profética y la Resurrección, asuntos que usted contempla simplemente como materia de discusión.

Dos ejemplos

No siento una especial inclinación por enredarle en sutilezas de filósofos. Me bastará con ofrecerle un par de ejemplos sencillos, naturales e inmediatos, que pueden resultar útiles incluso a los políticos.

Resulta meridianamente claro que tanto la materia como el cuerpo no son conscientes de sí mismos. Cada parte de una estatua de piedra o el aspecto material del hombre no son conscientes de su otra parte, mientras que no es preciso ni siquiera mencionar que tanto el hombre como el animal son perfectamente conscientes de su propio entorno. Saben dónde están, son capaces de percibir aquello que está vivo a su alrededor así como cualquier alteración que se produzca en el mundo. En consecuencia, existe algo llamado supramateria, que existe separado de la materia y que no muere y sigue vivo cuando la materia muere. De acuerdo con los dictados de su naturaleza, el hombre aspira a la total perfección, y usted es consciente de que el hombre desea llegar a ser omnipotente en el mundo, y no tiene interés por ningún poder que no sea absoluto. Incluso si el hombre tuviera el control del universo y se afirmase que hay otro mundo, él desearía por naturaleza lograr el poder y el control sobre ese otro mundo también.

Pero el hombre aprende. Y si oye hablar de otras ciencias, tiende por naturaleza a asimilarlas. En consecuencia, el hombre desarrolla de forma natural su interés por la omnipotencia y la omnisciencia, atributos ambos del Altísimo. Y por los cuales todos nosotros nos sentirnos, consciente o inconscientemente, atraídos, aun sin darnos cuenta de ello. Finalmente, el hombre desea alcanzar el Absoluto y disolverse en ello. En principio, el profundo interés en la vida eterna, que es inherente a toda persona, indica la existencia de un universo inmortal así como una inmunidad ante la muerte.

Si Su Excelencia manifestara interés por investigar estos temas puede consultar a los estudiosos en la materia, además de los libros de los filósofos occidentales, los escritos de Al-Farabí y Avicena (que la paz sea con ellos) y los peripatéticos, ya que tales estudios probarán que el área cubierta por la ley es racional y no sensorial, y que la comprehensión tanto de los términos universales como de las leyes generales sobre las que se basa cualquier discusión es algo racional, no sensoria

En este sentido podrían consultarse los nobles escritos de A. Schravardi (que la paz sea con él sobre la filosofía de la iluminación. Este autor dilucida con clarividencia el hecho de que la materia y todo objeto material necesitan una inspiración verdadera totalmente libre de los sentidos; y la concepción intuitiva de si esencia en el hombre está definitivamente lejos del sentido de la percepción. Su Excelencia puede también pedir a los expertos quo consulten la celebérrima obra de Sadrol Motalehin (con quien Ali se complazca y lleve junto a los profetas y los piadosos) sobre filosofía trascendental, que le permitirá ver con claridad que la realidad del conocimiento es ciertamente una entidad separada de la materia, así como que cualquier pensamiento está separado de la materia. Por tanto, ningún pensamiento estará sometido a las leyes de la materia.

No le importunaré con más detalles. No mencionaré los títulos de obras de grandes pensadores, como Mohi Aldin Ibri Arabí. Si Su Excelencia desea profundizar en las sutilezas discurridas por este gran pensador, le ruego envíe a Qom a aquellos brillantes expertos soviéticos duchos en la materia, porque en el plazo de pocos años, por la gracia de Alá, adquirirán el conocimiento de tales sutilezas, tarea imposible sin la realización de este viaje.

El opio del pueblo

Excelencia: tras mencionar estos puntos y preliminares, pido a Su Excelencia que profundice seriamente en el Islam, no porque el Islam y los musulmanes necesiten de su interés, sino porque los altos y universales valores del Islam son los que pueden confortar y salvar a todas las naciones, así como resolver los problemas fundamentales con los que se enfrenta la humanidad. Una investigación rigurosa del Islam podría librarle para siempre de problemas como el de Afganistán y otros de la misma índole. Tratamos a los musulmanes del mundo entero como a musulmanes iraníes, y por tanto compartimos un destino común. Al garantizar una relativa libertad religiosa en algunas de las Repúblicas Soviéticas prueba usted que ya no cree que la religión sea el opio del pueblo. ¿Es la religión, que ha hecho que Irán sea tan inquebrantable como una montaña frente a las superpotencias, el opio del pueblo?

¿Es una religión deseosa de administrar justicia en el mundo y de librar al hombre de las cadenas materiales y espirituales el opio del pueblo? La realidad es que una religión que pone el capítal material y espiritual de países íslámicos y de los que no lo son a disposición de las superpotencias y de otras naciones poderosas, y que al mismo tiempo dice al pueblo que sus seguidores deben aplaudir su política, ésa es ciertamente el opio del pueblo. Tal no es la verdadera religión, y, en efecto, los iraníes califican así a una religión patrocinada por los norteamericanos. En conclusión, anuncio explícitamente que la República Islámica de Irán es el más grande y fuerte centro del mundo islámico, capaz de llenar el vacío de fe existente en el sistema comunista. De cualquier forma, Irán, como en el pasado, respeta y cree en las buenas relaciones bilaterales y de buena vecindad.

"Paz y bendiciones para aquellos que buscan la verdad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de marzo de 1989