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José Ramón Gómez Fouz

La historia del 'maquis' Bemabé contada por un ex boxeador

José Ramón Gómez Fouz, ex campeón de Europa de boxeo, se subió por vez primera a un cuadrilátero "por una chiquillada". Desde 1984, tras conseguir varios títulos pugilísticos nacionales y europeos, al cabo de 152 combates celebrados, este ovetense de 36 años, casado y padre de un hijo, dirige una empresa comercializadora de aceros especiales que le absorbe más de 12 horas diarias. Pese a ello, ha encontrado tiempo para desarrollar su verdadera pasión: la historia. Su primera obra es una biografía de Bernabé, un personaje casi de leyenda, que fue bandolero, maquis y que mantuvo en jaque a la Guardia Civil durante siete años, escondido en los montes de Asturias. Nunca lo encontraron.

Gómez Fouz, hijo de un policía, había oído hablar de Bernabé Ruenes Santoveña, Nabé, desde crío. La aureola mítica de este maquis natural de Turanzas avivó la curiosidad histórica que desde siempre acompañó al hoy ex boxeador. "Han sido varios años de trabajo hasta localizar y entrevistar a personas que lo trataron o conocieron, gentes que le dieron refugio, maquis que lo acompañaron por el monte, guardias civiles que lo persiguieron, e incluso al compañero de partido, Eduardo, que le dio muerte para que los quejidos y gritos de dolor de Bernabé, herido en un pulmón por una esquirla, no les delatara al paso de la Guardia Civil".Para Fouz, sin embargo, Bernabé, más que un guerrillero propiamente dicho, fue un bandolero que acabó asumiendo y haciendo suyos los ideales de la resistencia frente al franquismo. "Bernabé se convierte en un proscrito en 1946 mientras realizaba el servicio militar", explica. "Un día abandonó la guardia para acudir a una fiesta, y al volver al cuartel agredió al superior que lo denunció. Le impusieron 33 años de presidio. Cuando consigue evadirse se refugia en los montes de Cuera, en Llanes. Con el tiempo acabó uniéndose a una partida de maquis. Las brigadillas de la Guardia Civil mantuvieron un acoso constante en un radio de apenas 20 kilómetros durante tres años sin que consiguieran dar con él. En el año 1949, junto con otro fugao, dio muerte a un guardia civil que los había localizado gracias a un chivatazo. A raíz de esto logró burlar el cerco y huir hacia Libardón, en el municipio de Colunga, donde permaneció clandesitinamente hasta 1953, año en el que muere".

No lee otra cosa que historia y biografías. Si se dedicó al boxeo fue porque al lado de su casa había un gimnasio y desde niño había conocido la atmósfera del pugilismo. La retransmisión por Televisión Española de los combates de Legrá acabó empujándolo a subir al cuadrilátero, favorecido por una excepcional condición física: "Llegué a tener 31 pulsaciones por minuto", explica. Su desinterés por la química, el dibujo y las matemáticas le impidieron proseguir en sus estudios. "Estoy seguro que se han perdido grandes historiadores por culpa de la química, y grandes químicos porque no les iba la historia".

"Yo en el libro no juzgo los comportamientos ni de unos ni de otros. Aquello era una guerra, y en una guerra se recurre a todo. Yo no los oculto. Cuento las delaciones, las celadas, las emboscadas, cómo murieron muchos maquis, tiros de gracia a guerrilleros que pedían clemencia o la muerte de 19 de ellos en una sola noche, pero también las acciones de los del monte. Bernabé mató en cierta ocasión a un padre de siete hijos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de febrero de 1989