El miedo al uso terrorista

EL PAÍS, La producción de armas químicas por parte de países del Tercer Mundo coincide con la potenciación de diversas iniciativas de las principales potencias para reducir y hasta eliminar ese tipo de armas que se usó por primera vez en enero de 1915, durante la I Guerra Mundial, y recientemente en la guerra Irán-Irak. La posibilidad de que países pobres accedan, por la escasa inversión que se necesita, a la posesión de esas armas preocupa en los países avanzados no ya sólo por su utilización en posibles conflictos regionales, sino también por la posibilidad de que caigan en manos de grupos terroristas.

Sólo en la I Guerra Mundial más de 300.000 personas murieron por efectos de las armas químicas. Su alto efecto aniquilador hizo que EE UU decidieran interrumpir su producción en 1969, aunque la decisión llegó después de que hubieran arrojado sobre Vietnam unas 90.000 toneladas de productos químicos mortales para las plantas o los seres vivos.

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La URSS, EE UU y Francia son las potencias con mayores arsenales de armas químicas. En total, más de un millón de toneladas.

En 1925, 108 países (entre ellos Irak) firmaron un acuerdo por el que se comprometían a no usar armas químicas. Hoy hay cinco iniciativas internacionales para su reducción o destrucción, pero la OTAN y el Pacto de Varsovia incluyen en sus ejercicios el posible uso de esas armas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0025, 25 de diciembre de 1988.

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