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Crítica:MÚSICA CLÁSICA

Weissenberg interrumpió su concierto de Valencia

El pianista búlgaro Alexis Weissenberg interrumpió su concierto del pasado lunes, para la Sociedad Filarmónica, en el Palau de la Música de Valencia. Tras una primera interrupción en la Tercera sonata, a causa, según el maestro, de reflejos de luz sobre el teclado, la primera parte del concierto culminó con un seísmo pianístico tal que el auditorio sospechó que Chopin había sido el instalador de las luces del Palau.Mediada la segunda parte, Weissenberg optó por abandonar la causa y prometió a los socios de la Filarmónica tocar en otra ocasión más propicia el concierto que de su prestigio cabe esperar. Sería inelegante someter a crítica lo que el propio intérprete desaprobó públicamente. Cabe observar, al margen del accidente de pura circunstancia, cómo la acústica proustiana del Palau, redundando con sus resonancias las propias del estilo de este personalísimo intérprete, -ecos sobre ecos-, puede hacer del inmaculado Chopin un tachista de la progenie de Xenakis, cuando un trino no es un temblor, sino un grumo de sonido.

Alexis Weissenberg

Concierto de piano. Palau de la Música. Valencia, 19 de diciembre.

Añádase a este hecho obvio, que por fuerza ha de desconcertar a más de un concertista, lo que Lorca llamó "el coro de los grillos que cantan a la luna", y es los relojes digitales, que de hora en hora perturban imperturbables, sea una mazurca sea un scherzo, lo que se esté escuchando. En todo caso, el maestro no adujo causa física para su abandono. Su peculiar estilo ensimismado -sus colaboraciones con Karajan, han dejado constancia de ese carácter, que es musical, no psicológico -lo hace más vulnerable a eventos de este género.

El público de la Sociedad aceptó de buen grado las razones del maestro y con la cortesía habitual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de diciembre de 1988