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Entrevista:

Carlo Vizzini: "Sueño con una gran fuerza socialista de inspiración europea"

El dirigente socialdemócrata italiano condiciona la propuesta de integración propuesta por Craxi

La propuesta del secretario general del Partido Socialista Italiano (PSI), Bettino Craxi, de que el Partido Socialdemócrata Italiano (PSDI) debe fundirse cuanto antes con el suyo, por considerar que éste es "su único destino", ha levantado un avispero dentro de las huestes del partido del difunto Giuseppe Saragat. EL PAÍS ha entrevistado, en una sala del Parlamento -mientras al lado un grupo de diputados jugaba acaloradamente a las cartas-, al diputado y ex ministro socialdemócrata siciliano Carlo Vizzini, que ha sido también vicesecretario del PSDI. Vizzini, con 41 años, es uno de los líderes más jóvenes del PSDI, pero está considerado también como el más "sabio" y equilibrado".

Fue ministro en el Gobierno presidido por Craxi cuando tenía sólo 38 años, un récord sólo superado en su día por el democristiano Giulio Andreottí.Casado con una arquitecta, padre de tres hijos, era a sus 21 años profesor de la Universidad. Hoy enseña Historia de las Doctrinas Económicas en la universidad de Palermo, donde ha apoyado incondicionalmente la difícil y discutida experiencia del alcalde Leoluca Orlando, empeñado en una lucha sin cuartel contra la Mafia.

Pregunta. ¿Por qué ha levantado ese polvorín la propuesta de Craxi de que se fundan los dos partidos socialistas hermanos?

Respuesta. La propuesta de Craxi replantea, pero de forma espectacular, un debate que había ya abierto nuestro XXI congreso nacional el año pasado. Un problema que había empezado ya a vislumbrarse cuando, bajo la égida de Craxi, en los años ochenta, el partido socialista abandonó el maximalismo para emprender el camino del reformismo. Nosotros habíamos empezado ya a considerar la idea de la construcción de una alternativa reformista llevada a cabo juntos y que pudiera sumar a otras fuerzas como los verdes y los radicales. Y en una perspectiva más lejana, a los propios comunistas.

P. Entonces, ¿por qué ha escandalizado tanto la llamada de Craxi a la fusión?

R. Porque llega justo cuando están por celebrarse todos los congresos más importantes, empezando por el suyo y el nuestro. Porque sabemos que hay un grupo minoritario dentro del partido dispuesto a pasarse al de Craxi sin debate político, mientras que otros no quieren ni oír hablar de fusión y defienden sólo el orgullo del partido. Mi posición es que ya que, desgraciadamente, mi partido ha abandonado su propuesta política, zarandeado por luchas internas de poder personal, lo importante es ponerse alrededor de una mesa para repescar la discusión del proyecto. Hay que empezar por la discusión política y no por el hecho consumado de la reunificación, que, sin debate político, se convertiría en una operación pura de poder. La construcción de un gran partido socialista y democrático en Italia creo que es un sueño de todos nosotros. Pero la unificación tiene que ser un acto final que debe ser preparado sin prisas excesivas para que pueda entenderlo la base.

P. Como ya ocurrió otra vez.

R. Sí, en 1966, cuando se hizo la unificación con Nenni y Saragat, cuando éste era presidente de la República. Se hizo sin debate con la base. Ésta no lo entendió, y los resultados de las primeras elecciones realizadas juntos fueron un fracaso.

Un político inteligente

P. Pero puesto que Craxi es un político inteligente, ¿cómo explica su propuesta y su prisa?R. Creo que a Craxi le debería interesar más el llegar a poder contar, con calma, con todo un partido para su proyecto que no el fagocitar a un grupo de dirigentes dispuestos a cambiar enseguida de chaqueta para obtener, quizá, un puesto en las listas de las próximas elecciones europeas. A mi juicio, el problema es tan importante que más que presionar para que nuestro partido se divida a favor o en contra de la unificación, lo que interesa es un debate sincero para buscar juntos, socialistas y socialdemócratas, una estrategia futura común. Sólo tras haberla identificado y asumido podremos hablar incluso de desaparecer. Nadie de nuestro pequeño partido, que cuenta sólo con el 37. de los votos, 17 diputados, cinco senadores, dos ministros y cuatro subsecretarios, niega que Craxi sea hoy el líder natural del grupo socialista del país. Pero con una operación hecha de prisa podría perderse todo un patrimonio histórico importante.

P. Entonces, ¿usted está de acuerdo con la línea de una alternativa reformista al actual sistema de poder democristiano?

R. Sí, sueño con una gran fuerza socialista de inspiración europea porque además pienso que toda el área socialista, con los verdes y los radicales, acaba rá encontrándose, más tarde o más temprano, con el partido comunista, que ha emprendido un camino de transformación reformista que considero irreversible. Pero pienso que ese proceso depende también de nosotros.

P. Craxi ha recordado que Saragat, antes de morir, había expresado su deseo de que su partido volviera a la casa común socialista.

R. Mire, cada vez que muere un gran personaje hay por lo menos 10 personas que recogen una última frase suya. Por ejemplo, hay quien dice que, al revés, Saragat expresó su satisfación de morir dentro del partido. No podemos olvidarnos, sin caer en hipocresía, que hace 30 años nosotros, los socialdemócratas, estábamos aislados e incomprendidos, y que la historia ha llevado al partido socialista hacia nuestras posiciones de entonces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de diciembre de 1988