La comisaria del Metro tramitó 200 denuncias en su primer mes de trabajo

Los ya clásicos carteristas y los inevitables gamberros son algunas de las principales preocupaciones de los 50 funcionarios que integran la comisaría del Metro madrileño, situada en la estación de la Puerta del Sol. Por los dos calabozos de esta unidad que empezó a funcionar hace poco más de un mes, han pasado 16 detenidos. La presencia de estos policías subterráneos supone cuando menos, una nueva molestia para muchos maleantes.

El 28 de septiembre pasado comenzó a funcionar la comisaría del Metro con la pretensión de unificar todas las denuncias sobre hechos delictivos que se produzcan en este medio de transporte. Una vez conseguido este objetivo, los responsables policiales dispondrán de una especie de mapa sobre la fauna delictiva que opera en este escenario.Curiosamente, el primer ciudadano que se presentó en la comisaría fue un viajero que quería presentar una denuncia contra la Compañía Metropolitano de Madrid, debido a que su billete presentaba un defecto en la banda magnética. Pero eso fue sólo una anécdota, ya que después se han cursado más de 200 denuncias por tirones, robos o hurtos por el procedimiento del descuido.

"La mayoría de las denuncias", dice el inspector jefe de la comisaría, "se refieren a robos de carteras, atracos a punta de navaja, tirones y daños en las instalaciones del Metro". La línea 1, en el tramo comprendido entre Sol y Atocha, es la favorita de los carteristas.

Los que practican el robo al descuido actúan en las estaciones de Chamartín, Norte, Conde de Casal y Palos de Moguer, debido a que en ellas hay gran número de viajeros, cargados de equipajes.

La moderna oficina policial habilitada en el vestíbulo de la estación de Sol atiende al público desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche, pero en ella día y noche hay varios agentes de guardia que acuden a cualquier requerimiento que les hagan los empleados del Metro. Esta unidad depende de la comisaría de Centro, situada en la calle de la Luna.

Dos o tres parejas de uniformados patrullan constantemente por las estaciones que forman la red del ferrocarril metropolitano. Hay días en que su misión consiste básicamente en impedir la acción de los gamberros. Las estaciones próximas a la Casa de Campo sufren con frecuencia los ataques de algunos de los asistentes a los conciertos del Rockódromo, mientras que las situadas junto a los estadios padecen las iras de los forofos.

El inspector jefe asegura que hay muchos usuarios que aún no conocen la nueva oficina, motivo por el que aún se reciben denuncias en las tradicionales comisarías de la superficie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 14 de noviembre de 1988.

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