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Crítica:

'E. T.' descafeinado

La irrupción de Spielberg en la ficción científica y su popular éxito logrado con E. T ha dado lugar a la realización de productos fílmicos inspirados en ella que rozan el plagio y se adentran en la mediocridad. Al no poder contar los mismos con el presupuesto extraordinario del título citado, la credibilidad del producto se resiente, sobre todo en el aspecto de las criaturas extraterrestres. Tal es el caso de Mi amigo Mac, realizado por el director norteamericano de origen británico Stewart Raffill, que antes de engancharse en la serie B trabajó como especialista, camarógrafo y realizador de segunda unidad de la factoría Disney.Y algo de la filosofía de los productos Disney le debe haber quedado al limitado y funcional realizador, que, además de lograr en el presente título una mala copia de E. T, hace que los extraterrestres sean captados por el american way of life, pues no en vano se recuperan de sus desmayos bebiendo Coca-Cola.

Mi amigo Mac

Dirección: Stewart Raffill. Guión: Steve Feeke y Stewart Raffill. Fotografía: Nick McLean. Música: Alan Silvestri. Producción: R. D. Louise. Estados Unidos, 1987. Intérpretes: Christine Ebersole, Jonathan Ward, Katrina Caspary, Jade Calegari. Estreno en Madrid: cines Palacio de la Prensa, Velázquez, Regio, Versalles, Bilbao, Oporto, Garden, Minicines Majadahonda.

Tan al gusto actual del cine estadounidense, la familia aquí también tiene su protagonismo, en esta historia donde se solidariza el sucedáneo de E. T. con los protagonistas infantiles de la narración, y donde tampoco falta el milagrito de turno.

Producto cuyo punto de mira apunta al público infantil hace de los pequeños sus protagonistas, e incluso, como ya hiciera Steven Spielberg en la referencia original, osa situar, brevemente, la cámara a la altura de la mirada de los niños.

Tras un inicio moroso en el que la anécdota de la aparición de la criatura está demasiado estirada, el desenlace se desarrolla por los cauces previsibles y adivinables, a excepción del rizo final de la nacionalización, en cuyo punto final los extraterrestres prometen volver. Ojalá que no sea por estas latitudes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 1988

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