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En el ocaso de la imposición patrimonial

El intento de canalizar una pequeña parte de los beneficios obtenidos en la especulación bursátil introduce un novedoso elemento de redistribución en el presupuesto de ingresos del Estado. La medida sustrae así a la imposición patrimonial del olvido a que ha sido relegada durante los últimos años por el aumento de los impuestos sobre la renta y sobre los consumos.Pero no cabe deducir de ello que el fisco vaya a reivindicar un papel importante para los impuestos patrimoniales. Su proyecto para 1989 prevé un descenso del 10% (hasta los 82.000 millones) en la recaudación por las otras dos figuras que cierran el arco patrimonial, junto a los impuestos inmobiliarios dependientes de los ayuntamientos, y en especial la contribución urbana. Se trata del impuesto sobre el patrimonio -cuya reforma sigue pendiente desde 1979- y del nuevo tributo sobre sucesiones y donaciones. El descenso de los ingresos que proporcionarán ambos al Estado está influido por su cesión a las autonomías.

En el impuesto sobre sucesiones y donaciones, además, se proyecta deflactar por el 3% -al igual que se ha anunciado de cara al impuesto sobre la renta- las escalas de cuotas y las reducciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de agosto de 1988