Pobre George
PARA QUE "poor George", o sea, "pobre George Bush", encabece esta semana la portada del semanario británico The Economist hace falta que las cosas no vayan muy bien para la candidatura de éste a la presidencia de Estados Unidos. Efectivamente, a pesar de los tambores y trompetas de la convención de Nueva Orleans, que sin ninguna duda va a hacer oficial su candidatura, Bush está atravesando un momento muy diricil. Para superarlo, no será suficiente que sea un gran éxito la fiesta de Nueva Orleans. Buish tendrá una ocasión única de pronunciar un discurso a todo el país. El problema es si acertará a dar en él la talla de un eventual presidente. Hasta ahora no lo ha logrado.Sin embargo, pasadas las turbulencias del Irangate, Reagan no ha dejado mal las cosas para el candídato republicano. Se retira con una popularidad indiscutible. El país goza de paz y de prosperidad. La situación económica es sin duda el factor decisivo que determinará el voto de los norteamericanos. Y es cierto que en ese orden hay signos preocupantes. Las medidas de la Reserva Federal para evitar un relanzamiento de la inflación han causado inquietud. La deuda exterior y el déficit del presupuesto son graves amenazas para el futuro, que suscitan preguntas de los electores. Bush ha sido muy impreciso en estos temas y el programa republicano, que deberá ser aprobado en Nueva Orleans, no aportará respuestas muy estimulantes.
A Bush le daña que su personalidad no se identifica con causas políticas netamente definidas. No es un batallador. Es un gestor con larga experiencia, pero una personalidad gris. Reagan ganó la campaña de 1980 apoyándose en lemas fuertemente conservadores, la dureza con los rusos, el rearme, la restricción del aborto, el rezo obligatorio en las escuelas, la reducción de los impuestos. Luego, los imperativos del ejercicio del poder le han llevado a evolucionar hacia el centro: sus causas más ideológicas, como el aborto, no han prosperado. Con la URSS ha firmado el primer tratado de desarme de la historia y ha iniciado el deshielo. ¿Cuál será ahora la base electoral de Bush? En algunos momentos parece volver a un lenguaje ultraconservador, que quizá pueda garantizarle ovaciones en Nueva Orleans. Pero en noviembre la decisión dependerá del ciudadano que está ante su televisor, y que duda aún sobre qué candidato votar.
En el tiempo que queda hasta el 8 de noviembre, el carácter de la campaña va a cambiar. Será una confrontación directa entre los dos candidatos. Experiencias del pasado indican que, más que sus programas, contarán las dotes personales de Bush y Dukakis. Éste era, hace pocos meses, uno de los siete enanos que aspiraban a la candidatura demócrata, pero no cabe duda que se ha afirmado como un político de talla. Bush no ha despegado de lo que ya era al iniciarse la campaña.
Todo el mundo coincide en que el triunfo de Reagan en 1980 fue debido a que logró, en un momento de frustración de amplios sectores por la política de Carter, que le votasen capas de la clase media tradicionalmente demócratas. ¿Será capaz Bush de obtener algo parecido? No parece que haya avanzado mucho en ese sentido hasta ahora, mientras Dukakis da la sensación de haber penetrado seriamente entre las clases medias norteamericanas. Quizá sea éste el principal desafio para el actual vicepresidente de Estados Unidos.
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